jueves, 15 de abril de 2010

ALEJANDRO DEL PRADO : PARA QUE LAS EMOCIONES VUELVAN

Esta es una nota que publiqué en La Mano, creo que hacia fines del 2008, después de entrevistar a Alejandro del Prado con motivo de la edición de su álbum "Yo Vengo de Otro Siglo" por parte de Acqua Records. Conocía parte del material del disco por haberlo escuchado por el trío PosPorteño -que integraban Del Prado en guitarra y voz, Rodolfo García en batería y Daniel Ferrón en bajo- en varios memorables recitales de La Vaca Profana, hace ya algunos años. Aparte de un demo no quedó nada grabado de PosPorteño, por eso fue una alegría especial cuando Diego Zapico, director de Acqua, me confió a mediados de 2008 que se venía, nomás, un nuevo disco de Alejandro, un artista al que admiro desde hace tiempo. El resultado de nuestro encuentro con Del Prado en las oficinas de Acqua es la nota que sigue.


Para que las emociones vuelvan

            Tarde de sol. De verano. Centro de Buenos Aires. Mientras allá afuera un megáfono suelta un rosario de protestas y los gases de los autos siguen aportando al fondo del Efecto Invernadero, adentro estamos con Alejandro Del Prado en plena esgrima de palabras y de gestos. La excusa formal es desglosar su nuevo disco,Yo Vengo de Otro Siglo, el primero que edita en 25 años (¡chupate esa mandarina, Axl Rose!), pero pronto nos vamos alegremente  por las ramas, como corresponde.   


            “Proferir es llamar a las cosas por su esencia”, le escucho decir a Alejandro del Prado, y eso me recuerda que todavía no se llevaron la ciudad. Salgo a pedalear por la mañana y todavía me sorprende que por un rato pueda tomar desprevenidos a los agentes disolventes de la memoria. Me quedo un rato viendo con asombro aquellas caprichosas fachadas de casas hechas hace décadas, sin apuro y sin cálculo; el fondo continuo de follaje tupido y entrelazado de árboles plantados en días de tranvías y resistente tracción a sangre. Mi memoria tiene seres, lugares y anécdotas que me pertenecen, pero también hay otras memorias que se juntan con la mía, distintas y parecidas a la vez. Las descubro en poemas, aparecen en cuentos, y se hacen canciones. Alejandro Del Prado se apareció con unas cuantas de esas canciones, como quien trae masitas para el té y –aclaró por si hiciera falta- “Yo vengo de otro siglo”. Yo también, pero me gusta juntarlo con el XXI y ver qué sale.
            Son las seis de la tarde de un viernes de calor pringoso en un primer piso de Callao y Corrientes. Abajo retumba un bombo y suena un megáfono con algún reclamo reivindicatorio que no se alcanza a discernir. Estamos en medio de Buenos Aires hablando de ese otro Buenos Aires que está internalizado en Yo Vengo de Otro Siglo, un diario de ruta que llevó más de veinte años escribir.
El nombre del álbum explica el significado oculto de “Con 2X y 1 tango”, las dos equis como número romano pertenecen al siglo que se fue. El disco de Alejandro también pasa despacio y vertiginoso a la vez, como un siglo, como gira la cuchara del café (que no tiene por qué ser el último…) y la sensación es parecida a la de un amigo que te cuenta cosas que en el fondo ya sabías, pero te las cuenta de tal forma que se te aparecen como revelaciones. Y uno a veces se halla transubstanciado en esos símbolos urbanos que Alejandro arroja al aire de sus estrofas en curiosos malabares. “Para que los gorriones vuelvan”. No había reparado en que había menos gorriones hasta que el tema me lo dijo. Pero mi corazón está con el protagonista que, solitario y tozudo, piensa poner siempre pan en la vereda hasta que vuelvan. Tal vez con ellos regrese también una sensación de que alguien en la ciudad todavía nos da la bienvenida.
Yo Vengo de Otro Siglo  tiende un puente de un cuarto de siglo con aquel cantautor que apareció en la escena criolla de los ’80, cuando volvía la democracia, con discos como Dejo Constancia (1982) y Los Locos de Buenos Aires (1984). En el medio corrió mucha agua bajo el proverbial puente, incluyendo una estadía de dos años en México y casi tres en Madrid. Años en que Alejandro siguió componiendo. Pero sin importar por dónde lo llevara su destino, el epicentro de las estrofas de Alejandro Del Prado siempre estuvo en Buenos Aires. Todas estas asociaciones me llevan irremediablemente a uno de los temas que definen el nuevo álbum, “Hijo de un puerto”, un espejo de esos hijos y nietos de inmigrantes que somos y, como parte de los tics y las contradicciones que nos vienen de nacimiento, el tema evoca con agudeza esa indeleble nostalgia por mares que no conocimos que nos arrebata de mil maneras. Pienso en voz alta en esas historias de ancestros que se lanzaron sin red a la aventura de “La América”, dejando atrás todo lo conocido. Alejandro me oye: “…¿Y dónde se quedaron a vivir? Lo más cerca posible del país del cual se fueron. Y eso, a quince mil kilómetros, ¿qué es? ¡El puerto! Algunos se fueron para adentro del país, pero muchos se quedaron ahí, en el borde…” En la ruta de la evocación, pasamos por Saloma, banda que integró en los ’70 y de la cual recuerdo especialmente una efusiva versión de “Canción de vagabundos”, el poema de Raúl González Tuñón.
            “Con Saloma laburábamos en un crucero. Hacíamos toda la costa de los canales fueguinos y hasta nos salieron un par de viajes al Caribe. Allí vimos muchos puertos, todos diferentes. Barbados, Nassau, Jamaica. Muy lindas experiencias, aunque en aquella época yo estaba más leyendo a Eduardo Galeano que escuchando a Bob Marley, pero igual conocí a los rastas. Los tripulantes del barco bajaban bien empilchados, y todos parecían Travolta, ¡cómo bailaban!… Unas historias hermosas. Y ese olor de los puertos, entre sorgo y petróleo, esa densidad… El calor de Bahía, una caipirinha helada y volver al aire acondicionado del barco.  Esos viajes los hicimos con Saloma en los veranos de los ’70, en épocas de la dictadura…” 
Le comento a Alejandro que conocí el único álbum de Saloma, Canciones de Buenos Aires, cuando comenzaba a trabajar como programador de radio, allá por 1977, y me sorprendió la fusión de géneros que por entonces parecían estar enfrentados: folklore, tango, pop, y una curiosa tapa donde los músicos parecían salir de la base de hormigón de una construcción. “Esa foto la sacamos en un edificio sin terminar de la Ciudad Universitaria. Estamos con los ojos cerrados, los torsos desnudos y los brazos en alto, metidos en un agujero donde irían las vigas de los cimientos Un niño me dijo ¿están saliendo o se están hundiendo? Buena reflexión…”
            Las reflexiones abundan en Yo Vengo de Otro Siglo. El álbum evoca personajes y cauces de una gran ciudad que cambió, acumulando auras generacionales diferentes como capas geológicas que se van aposentando unas sobre otras. Se hace evidente en “Yo conozco un Buenos Aires”, que contrapone imágenes urbanas pasadas y presentes con gracia y donaire. Y también en el catálogo de adorables excéntricos que alberga la nueva versión de “Los locos de Buenos Aires”, y aquí mejor que los explique una parte de la letra: “llenando de sol la noche / con su fuerza, con su arte/ andan sueltos por la vida / con su fe, su fantasía / cuidado con esa gente, no se sabe que pretende…” La charla nos lleva al barrio de Almagro y a un decálogo de esos locos que conviven, cada uno con su historia. Alejandro me cuenta de su sorpresa al descubrir uno de esos titanes de cemento que sostienen balcones. “Una cara terrible, mirándome, allí en Guardia Vieja y Bulnes, arriba de un boliche que se llama La Doblada. A distintas horas del día la luz del sol le pega en forma diferente. Y bueno, de eso vivían muchos. La escuela de cerámica que está allí en Bulnes… en esas escuelas se enseñaba este tipo de arte… Es un laburo que ya no se hace más…”
Hay muchas instancias evocativas en Yo Vengo de Otro Siglo, pero el truco es que la evocación está encarada desde el aquí y el ahora. Y el álbum respira. Tiene murga, tango, candombe, rock, balada… y hasta fútbol. No puedo evitar preguntarle por el héroe del tema “Paravalancha”, ese “hincha, hijo de un hincha, nieto de un hincha que soñó ser jugador…”  Me acordé de viejos picados barriales con pelota de cuero y arcos hechos con montones de ropa. “Sí, y el travesaño lo calculabas a ojo… Yo hacía gimnasia en Velez y como estaba con mis amigos, un día me fui a probar como jugador, pero era demasiado pasional… Jugué mucho, demasiado al fútbol. Jugué picados con jugadores de veras, por mi relación con Osvaldo Ardizzone o por mi hermano Horacio, ambos periodistas deportivos. Había partido y asado… Llegué a jugar con Bochini, con Pastoriza, con Perfumo. Incluso con Diego, una vez, en la canchita de entrenamiento de Argentinos Juniors. También jugué en el viejo Gasómetro de San Lorenzo… Algunos se acuerdan de lugares donde tuvieron novias. Yo siempre me acuerdo de donde toqué o donde jugué un partido. Y el tema “Paravalancha” habla de ese lugar adonde se sube el que dirige a la hinchada. El que dice “¡Vamo’ vamo’! y mira el partido al revés, de espaldas a los jugadores… Antes de saber lo que era el pogo yo conocía el pogo de la tribuna. Y los tablones te mecían y te levantaban… Yo era de los que iban temprano, veía a la reserva. Me cagaba de calor…”
Le confieso a Alejandro que siempre me fascinaron los periodistas deportivos diferentes, como el iconoclasta Dante Panzeri o los que teñían sus crónicas de poesía urbanas con acentos tangueros, como Osvaldo Ardizzone, presente con una de sus entrañables glosas en el preludio a otro de los grandes temas del álbum: “Yo conozco un Buenos Aires” Le pregunto cómo lo conoció a Osvaldo y cómo llegó a musicalizar sus poesías. “Mi hermano Horacio trabajaba con Ardizzone en El Gráfico y me trajo una nota que Ardizzone le había hecho a “Chirola” Yazalde, aquel delantero de Independiente que venía de Fiorito, igual que Maradona, y que después se fue a jugar a Portugal. La nota empezaba diciendo: “Purrete: de la orilla / la vida de salida te cantó la bolilla más fulera / y en la ruleta pequera del que gana y del que pierde / de la frontera del Riachuelo te llevó para su lado y te hiciste Sur…” Yo leí eso y pensé ¡huy, qué lindo! Y ahí empecé a tocar con él, a los dieciséis años.”
Justo antes que termine Yo Vengo de Otro Siglo  hay un tributo a don Alfredo Zitarrosa, que evoca los días en que Alejandro acompañó al ilustre cantautor oriental en México, y –a modo de bonus track- un versión grabada en vivo en 1986 de “Si te contara”, clásico de los primeros tiempos de Del Prado como solista, donde se suma la voz de su esposa Susana del Prado, fallecida en 2007 y una de las dos homenajeadas en la dedicatoria de este álbum. (La otra es Amapola, la nieta de Alejandro y Susana).
Confieso que hace años que esperaba este disco. Lo empecé a imaginar cuando Alejandro volvió a tocar con cierta frecuencia con Posporteño, el grupo que integró entre 2004 y 2005 con Rodolfo García en batería y Daniel Ferrón en bajo. Los recitales del trío en Vaca Profana fueron un deleite que pronto se convirtió en secreto a voces. El tinte urbano de las letras de Alejandro ubicado en un marco musical con la sensibilidad del tango y la elasticidad del jazz. Con algunos cambios en los arreglos, parte del repertorio de Posporteño vio la luz en Yo Vengo de Otro Siglo y entre las canciones que parecían hechos a medida para aquellas noches del local de Almagro estaba “Con este porcentaje de humedad”, al que le cabe al dedillo la descripción de “tema urbano/reflexivo de madrugada”, y si llovizna finito, ¡mejor!  Si fuese un simple, su lado B bien prodría ser “Pagadios”, crónica de solitarios indecisos intentando redimirse y elevarse. El poeta los comprende y, en última instancia, invoca la responsabilidad divina: “Pagadios, pagadios… lo que el hombre está rompiendo.”  
Cae la tarde, como diría Cantilo y la nota va llegando a su fin. Diego Zapico, capo del sello Acqua y “fogonero” de Yo Vengo de Otro Siglo me mira como diciendo: “¿Viste que lo sacamos, al final?” Ya no tendrá que bancarse mis ansiosas llamadas telefónicas de los últimos meses diciéndole: “¿Ya hay fumata blanca?” Ahora lo tengo por fin en mis manos. Veo la tapa, con los matasellos y la foto casi surrealista de Alejandro Del Prado disfrazado de indiecito -en algún carnaval infantil de Villa Real, imagino- y las letras de su nombre en la caligrafía de su padre, el genial dibujante y caricaturista Calé, aquel que supo inmortalizar tantos ritos porteños en su inefable tira  “Buenos Aires en camiseta”, y que también se hace presente con un par de dibujos con su sello en el interior del librito, que tiene una portada simil pasaporte y una contraportada con una misteriosa inscripción en chino-taiwanés. Alejandro: “La hizo el chino de debajo de mi casa, con el cual nos conocemos de muchos años. Se volvía a Taiwán, porque el padre está muy mayor… Y le pedí como despedida que me escribiese ‘Buenos Aires’ en chino. Estuvo como diez minutos trazando las rayitas…”

                                                           Alfredo Rosso

7 comentarios:

gustavo barbosa dijo...

Alfredo!
que gusto a nuestro que tiene esta nota tuya con Alejandro.
Este disco es tan atemporal que se corre de los tiempos de consumo de muchas obras de hoy.
Es para desplegar sin apuro y descubrir tema por tema. Despacio.
Con esa carga que tiene el otro siglo para todos los que venimos del siglo XX.
La referencia del final a su padre el gran Calé, termina de componer el clima que se arma en la lectura de la nota. Recordar esos dibujos de la niñez, que en realidad valoro ahora con mayores capacidades que entonces, es como oler esos perfumes que te transportan a la niñez sin parada alguna.
Estos locos de buenos aires han mantenido nuestra cultura tan viva.
Gracias por traerlos otra vez.
Abrazos
Gustavo Barbosa

Milton dijo...

Hola Alfredo grosso!!!
Nada que ver mi comentario con respecto a la nota, pero te queria pedir que pases algo de cucsifae en la radio.-
Saludos!

andres salapura dijo...

hola! como estas? te contacto para pedirte un favor, te cuento:
soy estudiante de Diseño Industrial e intentando ser bajista. Por mi estudio tengo que realizar un enorme trabajo sobre un producto que sea industrializable y para unir estas dos actividades decidi trabajar con el bajo electrico.
El pedido de ayuda viene por el lado de recopilacion de material historico. de tendencias, materiales, mics. diferentes bajos para los diferente estilos de musica, etc...... opinion personal de lo que es, representa ect el bajo electrico para vos. y todo lo que se te ocurra que puede servir para hacer una trabajo de investigacion historica y proyeccion sobre el bajo electrico.
desde ya muchas gracias y como debolucion a este pedido te ofresco a fin de año una copia digital (o impresa) del trabajo que realizare.
un abrazo y muchas gracias.
mi mail es andresls77@hotmail.com
mi tel: 0221 542 3943

Anónimo dijo...

Muy linda nota, escucha estas bandas Alfredo, es lo que se viene y hay mucho para decir. Tenes que escribir algo:

http://www.myspace.com/los107

http://www.myspace.com/elmatoaunpoliciamotorizado

http://www.myspace.com/valentinylosvolcanes

http://www.myspace.com/vivaelastico

http://www.myspace.com/srtomate

AndreaBruno dijo...

Yo Vengo de Otro Siglo...y yo también y cuántos más...
Leo tu nota y me atrevo agradecerte por la difusión de la obra de Antiescéptico, 2x...=rockbandoneón.
Uno no deja de Volver...según pasan los años. Mil gracias, no dejes la pluma nunca de lado!!!

Esther Goris dijo...

Periodistas nuevos por favor, dios, se bueno con nosotros, liberandos de los dinosaurios, ya hemos pagado nuestras culpas.

para que voy a poner nombre si hay censura dijo...

La democracia donde esta Alfredito? Con razon son todos obsecuentes aca