martes, 21 de febrero de 2012

LOS OTROS CUENTOS DE CANTERBURY

El movimiento musical de Canterbury representa una de las derivaciones más originales y creativas de la movida progresiva del Reino Unido y tuvo su momento de apogeo en la primera mitad de los años ’70.
El presente artículo recrea la historia de sus principales protagonistas, situando esta corriente musical en el marco de la revolución cultural que se da en la Gran Bretaña de los años ’60, para luego analizar el tronco madre canterburiano, representado por el grupo The Wilde Flowers, y continuar explorando las dos grandes ramas en que se dividió, las bandas Soft Machine y Caravan.
Por último, evaluamos las diversas derivaciones e interacciones que se dieron entre los diferentes músicos canterburianos a través de este fructífero período en la historia del rock británico.



 La movida musical de Canterbury está asociada a un momento particularmente creativo del rock británico, que puede encuadrarse, a grandes rasgos, entre 1965 y la explosión del punk en 1976-77.
            Para bucear en sus orígenes es menester, antes que nada, evaluar la situación del Reino Unido a finales de los años ’50. Si bien Gran Bretaña había sido uno de los aliados que lograron la victoria contra los países del Eje en la Segunda Guerra Mundial, esa victoria se había conseguido a un muy alto precio. En las principales ciudades de Inglaterra, Londres, Manchester, Birmingham, Sheffield y Liverpool, entre otras, todavía podían verse las cicatrices que habían dejado en sus cascos urbanos los bombardeos de la Lüftwaffe hitleriana y, hasta pocos años atrás, el país había extendido el racionamiento de comida y las restricciones al consumo de combustibles. Pero lo que es más, el reordenamiento de piezas que resultó del conflicto ocurrido entre 1939 y 1945 derivó en la emergencia de dos superpotencias hegemónicas: los Estados Unidos y la Unión Soviética, y una tercera en rápido ascenso: la China comunista. A todos los efectos prácticos, Gran Bretaña jugaba ahora un rol considerablemente menor en el curso de los acontecimientos mundiales. Un golpe nada menor para la moral del país que medio siglo atrás se jactaba de ser “el imperio donde el sol nunca se oculta” debido a la cantidad de colonias británicas extendidas por los cuatro confines del planeta.
            La situación del joven inglés de clase media de esos días no era, en verdad, demasiado alentadora. En una sociedad que aún estaba rígidamente estratificada en clases sociales, que admitía poca movilidad, su típico porvenir era seguir, en mayor o menor medida, el modelo de vida de sus padres. Tener un trabajo similar, vestir de la misma forma y tener ideas políticas parecidas a las de sus progenitores. El principio de autoridad era respetado a pies juntillas.
Como sucedió en Estados Unidos y en otras partes del mundo, la explosión del rock and roll de los años ’50 vino a alterar todo este estado de cosas. El rock and roll creó su propia tribu adolescente, con una nueva forma de bailar, de hablar, y de relacionarse y, lo que es más importante aún, con una nueva visión de su propio lugar en el mundo.
            La primera camada del rock and roll estadounidense quedó fuera de combate por diversos motivos que se dieron más o menos al mismo tiempo: Elvis Presley fue enviado a hacer la milicia a Alemania, Chuck Berry purgó tiempo en prisión acusado de estupro, Little Richard se volcó a la religión y varios otros rockers murieron prematuramente en accidentes aéreos (Buddy Holly, Big Bopper, Richie Valens) y automovilísticos (Eddie Cochran). Para colmo de males el propio inventor del término “rock and roll”, el disc-jockey radial Alan Freed, se vio envuelto en un proceso judicial de alta resonancia por, supuestamente, aceptar “payola”, término que designaba la costumbre ilegal de aumentar la frecuencia de difusión de determinados discos a cambio de sumas de dinero. Aunque el jurado no logró condenarlo, la reputación de Freed quedó destrozada y murió poco tiempo después, arruinado financiera y moralmente.
            Con Freed desapareció el último símbolo del eje rebelde del rock and roll original, pero la industria musical, cebada por el éxito comercial de esa “música de la jungla” -como la bautizaron despectivamente los miembros de la sociedad bienpensante a los que tanto escandalizó- pronto se abocó a elaborar un sucedáneo, de modo que el mercado adolescente ávido de consumir música no quedara desatendido. Así nació el pop del Brill Building: canciones de impecable factura, con buenos estribillos y ritmos contagiosos, interpretadas por cantantes de aspecto prolijo y atildado, que pudiesen ser aceptados por la familia tipo americana.
            No obstante, la llama del rock and roll rebelde seguía ardiendo en Inglaterra. En los primeros años ’60, las principales ciudades inglesas hervían de nuevas bandas que tomaban como fuente de inspiración el rock and roll de los pioneros, el soul de Motown y el blues eléctrico de Chicago. Los Beatles alcanzaron rápidamente un brillo ecuménico total e inédito, y al poco tiempo la repercusión de los Rolling Stones, los Kinks y los Animals tendría también una proyección decisiva allende las fronteras del Reino Unido. Estas bandas pioneras establecieron las credenciales de Gran Bretaña como usina creadora de una nueva música, porque sus forjadores no se limitaron a copiar los modelos sino que, desde el vamos, introdujeron elementos originales que culminaron en el lógico paso siguiente: acuñar sus propias composiciones y delinear una personalidad propia para el rock británico.
            A mediados de la década del ’60 el rock inglés experimenta un salto evolutivo, crucial, a partir de la decisión de los Beatles de abandonar las actuaciones en público después de su gira mundial de 1966. El grupo más famoso del mundo en aquel entonces tomaba la inédita decisión de dejar los escenarios en la cumbre de su popularidad porque sentían que los condicionamientos de las giras y el pésimo sonido de los recitales de entonces estaban poniendo freno a su evolución musical. Fieles a su deseo, los Beatles concentraron sus fuerzas creativas en el estudio de grabación y produjeron obras maestras como Revolver y Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band, álbumes donde la sofisticación musical estaba a la orden del día, ayudada por la introducción de instrumentos novedosos como el mellotrón y el sintetizador, o tradicionales e importados de otras culturas, como el sitar indio. Que los Beatles se permitieran esas libertades en pos de una osada visión artística no cayó en saco roto. Podemos debatir si el ejemplo de los Beatles encontró eco a lo largo y ancho del planeta debido al liderazgo incuestionable del grupo de Liverpool en la música pop de entonces o si simplemente fue la evidencia más conspicua del zeigeist evolutivo del género, la cosa es que a partir de entonces ya nada volvería a ser igual. La música beat relativamente simple de los primeros años ’60 –esa que se ejecutaba principalmente con dos guitarras, bajo y batería- cedía paso a la revolución del rock progresivo. Pronto las revistas especializadas hablarían con admiración de todo este nuevo campo de posibilidades. El nuevo rock se fusionaba con naturalidad con el blues, el jazz y los sonidos clásicos. De hecho, bandas como The Moody Blues, Deep Purple y The Nice no tenían escrúpulos en utilizar los servicios de una orquesta tradicional y hasta compusieron obras originales para la ocasión. La industria, que antes promocionaba en sus campañas de marketing el disco single de dos minutos y medio, comenzó a centrar sus esfuerzos en el álbum de larga duración, que ahora ya no era un arrume de canciones sin ton ni son rodeando un par de hits, sino toda una entidad con vida propia y a menudo con un hilo conceptual que vinculaba los diferentes temas. Temas que ahora aumentaban en extensión y complejidad e incluían largos solos de guitarra y/o teclados, como tributo al nuevo rol atribuido al virtuosismo personal de los ejecutantes en la era del rock progresivo y sinfónico.

 The Wilde Flowers

Prehistoria canterburiana: The Wilde Flowers

            El rock canterburiano estaba llamado a jugar un papel trascendental en esta nueva etapa del rock británico. Sus primeros antecedentes –y los que señalan la esencia de su nombre- provienen de la comunidad universitaria de Canterbury, en el este de Inglaterra. Todo comenzó en la Simon Langton School, una escuela privada donde predominaba un concepto educacional diferente al de la media, basado en el estímulo a la expresión artística de los educandos. Allí dos jóvenes estudiantes, Mike Ratledge y Brian Hopper, pronto descubrieron que compartían intereses comunes en lo que hacía a música y solían reunirse a tocar adaptaciones propias de sonatas para órgano de Hindemith, a las que Mike y Brian arreglaban para piano y clarinete. En este círculo también estaban un estudiante de ciencia, Hugh Hopper -hermano menor de Brian- y Robert Wyatt, estudiante de arte y entusiasta intérprete amateur de varios instrumentos. Este núcleo solía reunirse en la mansión georgiana de la madre de Wyatt para escuchar las últimas ediciones del jazz revolucionario que se tocaba en aquellos días -Charles Mingus, Ornette Coleman, John Coltrane, Thelonious Monk- y para discutir y apreciar las obras de compositores de vanguardia como Karlheinz Stockhausen y Luigi Nono, los pintores Mark Rothko y Jackson Pollock y los escritores  William Burroughs, Jack Kerouac y el resto de la camada Beat.
Al poco tiempo Wyatt y Hugh Hopper conocerían a Daevid Allen, un freak australiano que había dejado su Melbourne natal en 1960, a los 21 años, para radicarse en París y emparentarse con las corrientes artísticas de vanguardia. En Australia Allen había escuchado el primer álbum del jazzman de avant-garde Sun Ra y la experiencia lo había afectado profundamente. Pronto empezó a tomar lecciones de guitarra de jazz y no tardó en formar su propio trío, al tiempo que se empapaba de la literatura de la Beat Generation. Finalmente, la pulsión de salir al camino pudo más y Allen puso proa a Europa, recalando primero en Grecia y más tarde en París, donde ya había realizado experiencias visuales y sonoras con diapositivas y complejos juegos de cintas magnéticas –influido por los trabajos pioneros de Terry Riley- elaborando sus propias bandas sonoras de “musica concreta”.
Allen se quedó a vivir en la casa de los padres de Wyatt. Su estilo de vida libre de ataduras y su colección de discos probaron ser una fuerte influencia en la mente impresionable de sus nuevos amigos canterburianos. Pronto los proyectos musicales de todos ellos se materializaron en The Wilde Flowers, un colectivo que incluía a ambos hermanos Hopper, a Robert Wyatt y a un joven de buena presencia y una curiosa actitud laxa con respecto a la autoridad y a las obligaciones escolares, llamado Kevin Ayers. También alternaron como parte de la banda otros cuatro músicos que en el futuro fundarían el grupo Caravan: el guitarrista Pye Hastings, el baterista Richard Coughlan y los primos David y Richard Sinclair, teclados y bajo, respectivamente.
Estilísticamente los Wilde Flowers eran un compendio un tanto confuso de los muchos géneros y estilos que inspiraron a sus integrantes: un poco de jazz moderno, un poco de rock y algo de blues, con una dosis de libre improvisación con aristas proto-psicodélicas. Los Wilde Flowers realizaron algunos recitales en el circuito de clubes y locales de los alrededores de Canterbury y algunas grabaciones más o menos informales, registradas en su mayor parte entre 1965 y 1966, que más tarde serían reunidas en el CD The Wilde Flowers, editado por Voiceprint en 1994.

 El primer Soft Machine: Wyatt, Ratledge, Allen, Ayers

Soft Machine

La precaria situación laboral de la banda, sumada a los intereses divergentes de sus integrantes, precipitó su final. Poco después de la llegada del tecladista Mike Ratledge, los hermanos Hopper se abrieron del grupo y hacia comienzos de 1967, los Wilde Flowers se habían dividido en dos frentes claramente delineados. Inspirado su nombre en un libro de William S. Burroughts, nacía Soft Machine, con Mike Ratledge en los teclados, Daevid Allen en guitarras, Kevin Ayers en bajo y Robert Wyatt en batería y voz.  El afán de conquistar un público más amplio y la posibilidad de conseguir un contrato de grabación llevó a Soft Machine a emigrar a Londres. A poco de llegar a la capital, ya estaban tocando seguido en Middle Earth y en UFO, dos locales fundamentales de la escena de rock psicodélico inglés, donde compartieron cartel con el Pink Floyd de Syd Barrett y The Crazy World of Arthur Brown, entre otros grupos de la época. Para entonces, los Softs eran manegados por Chas Chandler y Mike Jeffery quien también eran mánagers de Jimi Hendrix. Hendrix grababa en el sello Track, que tenía conexiones con Polydor, así que Jeffery se las arregló para conseguirle a Soft Machine la posibilidad de grabar un single con esa multinacional. El single se grabó en enero del ’67, conteniendo los temas “Love makes sweet music” y “Feelin’ reelin’ squealin’”. Por decirlo de manera suave, no fue precisamente un suceso de ventas.
En abril de 1967 fue concertada otra sesión de grabación que duró tres días en los estudios de Lane Lea, coordinada por el productor Giorgio Gomelsky. La experiencia no tuvo un final feliz ya que, ante la negativa de Jeffries de pagar el costo de las sesiones, Gomelsky desapareció con las cintas. Estos testimonios del primer repertorio de Soft Machine iban a aparecer más tarde de las maneras más diversas, entre ellas el LP At The Beginning, editado por el sello Charly en los ‘70s y el CD Jet Propelled Photographs. Hubo también una sesión de grabación conducida por el célebre productor Joe Boyd en los estudios Sound Techniques, en junio de 1967, donde quedaron registrados los temas “Television dream”, “What’s the use of tryin’”, “I should’ve known” y “She’s gone”. Esta última canción más tarde formaría parte de la recopilación Triple Echo, que Harvest editó en 1977, y recientemente figura en el CD White Bicycles que salió en forma paralela al libro biogràfico de Joe Boyd del mismo nombre.
Tras una serie de presentaciones en Francia, que les sirvieron para afirmar su popularidad en tierras galas y que incluyeron la musicalización de la obra de Picasso “Desire Attrapé Par La Queue”, Soft Machine sufriría su primera deserción: al regresar a Inglaterra, un oficial aduanero descubrió que la visa de Daevid Allen había expirado, al igual que su pasaporte. Como consecuencia, Daevid regresó a Francia (donde eventualmente formaría Gong) y los Softs se transformaron en trío. Con esta formación participaron en Christmas on Earth, un recital que reunió bajo un mismo cartel a los Softs con Pink Floyd, la Jimi Hendrix Experience y The Move.
Después de “Navidad en la Tierra” –y seguramente como resultado de compartir el mismo manager con la Experience- Soft Machine fue invitado a viajar a Estados Unidos para ir de gira como teloneros de Hendrix. Esta tournée fue una experiencia azarosa para el grupo. Las audiencias de entonces, acostumbradas a un rock de virtuosismo efectista, no estaban preparadas para el nuevo concepto musical de Soft Machine, que podía tocar el pop y el jazz con la misma facilidad pero que, además, tenía como leit motiv las improvisaciones instrumentales, todo jalonado con un toque de humor y un alto grado de imprevisibilidad. Trabajosamente, Ratledge, Wyatt y Ayers llegaron al fin de los dos meses de actuaciones ininterrumpidas y luego se dirigieron a Nueva York para grabar su álbum debut bajo la dirección del famoso productor negro Tom Wilson. La diferencia de “background” y de expectativas recíprocas hizo que el resultado final –en términos técnicos- no fuese el esperado. Simplemente Wilson no comprendía la propuesta de los Softs y se limitó a dejar que el grupo grabase el álbum por las suyas.
A pesar de todo, Soft Machine es una de las obras más vitales y originales de 1968 y, en general, de la segunda mitad de los ’60. La conjunción órgano-bajo-batería-voz es perfecta. Ratledge explora las posibilidades de su instrumento hasta límites insospechados, al tiempo que Wyatt destroza todas las convenciones acerca de cómo un cantante “debía ser”, al modular su voz de las maneras más diversas, hasta convertirla en un instrumento más.
Desgraciadamente, las tensiones de la reciente gira se habían cobrado su factura y esta primera edición de Soft Machine terminó disolviéndose. Ayers se dirigió a la isla de Mallorca -donde eventualmente se establecería-, Ratledge volvió a Londres para dedicarse a componer nuevos temas y Wyatt decidió permanecer en Nueva York algún tiempo más, conociendo la ciudad y grabando algunos demos, entre los que figuraba una versión embrionaria de un futuro clásico de Soft Machine, “Moon in June”.
Mientras tanto, el sello Probe decidió editar el álbum debut, el cual se vendió en cantidades aceptables, lo suficiente, en definitiva, como para alentar a los Softs a intentarlo nuevamente. Ante la negativa de Ayers de continuar con el proyecto, Wyatt se puso en contacto con el bajista Hugh Hopper, que andaba deambulando por los Estados Unidos, y ambos decidieron regresar a Inglaterra y hablar con Ratldege para poner en marcha el operativo retorno. De febrero a abril de 1969, Wyatt, Hopper y Ratledge ensayaron diariamente el material del que sería el segundo álbum de Soft Machine en la casa londinense de la madre de Wyatt.
Varios inconvenientes conspiraron en detrimento de este segundo intento. Para evitar la crisis de dirección que había tenido el debut, esta vez los Softs decidieron autoproducirse, una decisión que resultó casi fatal, ya que la falta de experiencia en el métier era notoria. Con todo, Soft Machine Volume Two fue un álbum de alto nivel, el resultado de meses de experimentación en la búsqueda de un nuevo idioma musical. El avance en la búsqueda de nuevos climas y texturas por parte de Ratledge tiene un balance exacto en la sutileza de las letras y la belleza bizarra de las armonías vocales. El hermano de Hugh, Brian Hopper también hace su aparición como invitado especial, aportando su saxo en algunas composiciones. El resultado es otro disco clásico del rock canterburiano.
 El Soft Machine "clásico" de "Third": Elton Dean, Ratledge, Wyatt, Hopper

Con la salida de este segundo álbum comienza una etapa de febril actividad en vivo para Soft Machine. Aunque se hallasen complacidos por el progreso alcanzado en el disco, los músicos deseaban aumentar la apuesta, llevando al grupo a terrenos musicales inexplorados. Así las cosas, Wyatt y Ratledge presenciaron un recital del Keith Tippett Group en el teatro Marquee de Londres. Tippett ya era en aquel momento uno de los pianistas más respetados y admirados de la escena de jazz inglesa y su banda era reconocida por la excelencia de sus instrumentistas, que incluían una notable sección de bronces compuesta por Elton Dean en saxo alto y saxello, Marc Charig en trompeta y flugelhorn y Nick Evans en trombón.
Deslumbrados por lo que vieron y escucharon, Wyatt y Ratledge invitaron a estos tres músicos a unirse a Soft Machine y junto con ellos -por sugerencia de Wyatt- ingresó también Lyn Dobson quien, además de saxo soprano y tenor, tocaba sitar, flauta y armónica. De buenas a primeras, Soft Machine se había convertido en un septeto, con una gira de dos meses por Francia por delante.
Resulta una gran frustración que esta formación nunca llegase a grabar un disco oficial, ya que la música resultante –principalmente composiciones de Ratledge y de Hopper- fue una de las más lúcidas manifestaciones que dio la escena canterburiana. Afortunadamente, ya en la era digital, pudo rastrearse una cinta conteniendo los temas “Facelift” y “Hibou Anemone and bear”, grabados en actuaciones parisinas de noviembre de 1969. Pueden escucharse en el CD Backwards, editado por Cuneiform en 2002.
Hacia febrero de 1970, Soft Machine entró al estudio para grabar su tercer álbum, un disco llamado Third que sería doble en la versión original de vinilo y que señalaría el debut de la banda para el sello CBS, hoy día Sony Music.  Evans y Charig habían sido separados del grupo por motivos fundamentalmente financieros y Lyn Dobson –que no estaba en muy buenos términos con Ratledge- no tardaría en seguirlos, pero no antes de efectuar su aporte al collage de partes en vivo y en estudio que daba forma a “Facelift”, el tema que ocupaba todo el lado uno de Third. Los restantes lados estaban ocupados por otras tres composiciones, “Slightly all the time” y “Out-bloody-rageous”, de Ratledge y el clásico de Wyatt “Moon in June”.  “Slightly all the time” era una aventurada aproximación al free jazz, destacando el trabajo de Ratledge en órgano y piano y también de Hugh Hopper, cuyas punzantes líneas de bajo sostenían la estructura de la composición. Otro elemento destacable eran las incursiones del saxo de Dean, una temprana evidencia de la nueva coloratura que su ingreso aportó al sonido de Soft Machine. “Moon in June”, por su parte, sería el último tema vocal que grabaría la banda, una vívida muestra del nivel expresivo que podía alcanzar la voz de Wyatt, quejumbrosa, irónica, evocativa, brindando toda una gama de dimensiones a una letra siempre cambiante, como demuestran las varias grabaciones del tema que han aflorado con los años. Esta versión, para muchos la definitiva, concluía con cinco minutos de “drone”, una especie de trance musical muy propio del Soft Machine de esta era, donde los instrumentos parecen quedar suspendidos en el espacio.
La aparición de Third provocó una verdadera conmoción en el mundillo musical inglés, con críticos especializados que exaltaban el “significado cultural” del álbum, elucubrando frases como “por fin el rock es mayor de edad” y otras por el estilo. A pesar de todas esas loas, Wyatt se sentía molesto por ciertas trabas impuestas a su creatividad por sus compañeros de grupo y decidió dar rienda suelta a su musa a través de un álbum solista llamado The End of an Ear.
Al comenzar la década del ’70 la reputación de Soft Machine era muy alta y la cadena de radiotelevisión inglesa BBC invitó al grupo a participar en el Henry Wood Promenade Concert, un evento de alto prestigio que se realizaba anualmente en el Royal Albert Hall y que hasta entonces era consagrado exclusivamente a la música clásica. En lo que hace al sonido de los Softs, la creciente influencia de Elton Dean estaba inclinando la balanza aún más hacia el terreno del jazz, introduciendo extensas improvisaciones en instrumentos de viento, las cuales formarían el núcleo de Fourth, el álbum número cuatro, aparecido en febrero de 1971.
Fourth es otro eslabón básico en la carrera de Soft Machine en particular y en la historia del rock canterburiano en general. La interacción de órgano, saxos, bajo y batería es ideal a lo largo de toda la placa, pero alcanza un nivel de particular excelencia en “Virtually”, la suite en cuatro partes compuesta por Hugh Hopper.  La etapa que sigue a Fourth incluiría una presentación en el Festival de Jazz de Newport y también una nueva crisis interna que derivaría –en septiembre de 1971- en el alejamiento de Robert Wyatt, quien en años sucesivos canalizaría sus inquietudes musicales a través de Matching Mole. Ante la inminente grabación del quinto álbum, ingresó el baterista Phil Howard, proveniente de Just Us, otro grupo con vinculaciones canterburianas que se especializaba en free jazz. El resultado fue Fifth,  una obra de indiscutible intensidad y nivel técnico pero un tanto errática en cuanto a dirección musical. El recién llegado Howard y Mike Ratledge no congeniaban y por eso, a mitad de la grabación el baterista fue sumariamente despedido, ocupando su puesto John Marshall, importado del grupo Nucleus de Ian Carr.
En las semanas siguientes la formación de Soft Machine sufriría nuevas modificaciones: Elton Dean, resentido por el despido del batería Howard, entregó su renuncia, siendo suplido por otro ex-Nucleus, Karl Jenkins. Con este nuevo cambio de piezas, Soft Machine dedicó los meses finales de 1972 a la grabación de un nuevo álbum doble, Six, que tuvo la particularidad de ser mitad en vivo y mitad en estudio. Las partes en directo evidenciaban un óptimo nivel instrumental, tanto individual como colectivo, y si bien no presentaban demasiados elementos nuevos a los senderos musicales transitados por Soft machine, su audición conseguía transmitir una idea cabal del swing que la banda desplegaba sobre un escenario. Aún así, los mejores momentos de Six están concentrados en el disco de estudio, donde Hugh Hopper demuestra una vez más su envidiable fluidez de ideas con la obra “1983”, un anticipo de su por entonces próximo álbum solista “1984”, basado en la obra homónima del escritor George Orwell.
Iba a ser precisamente Hopper el próximo en abandonar el barco y lo iba a suceder otro consumado músico de jazz llamado Roy Babbington, quien ya había participado en las sesiones de grabación de Fourth. No obstante, el cuarteto que ingresó al estudio a mediados de 1973 para grabar Seven adolecía de un exceso de técnica y anemia de imaginación. La ejecución es impecable pero hay un indudable triunfo de la forma por sobre la sustancia. Ratledge y Jenkins, los nuevos polos creativos de Soft Machine, no encontraban la clave para frenar la sangría de ideas originales que habían dejado como secuela las deserciones de Wyatt, Dean y Hopper.
El soplo de aire puro que Soft Machine venía necesitando llegó con el guitarrista Alan Holdsworth, quien se incorporó poco antes de la grabación de Bundles, álbum aparecido en 1975, para Harvest, el sello progresivo de la compañía EMI. La fineza del estilo Holdsworth, el desarrollo de Jenkins como compositor (es responsable de la suite “Hazard profile”, que ocupaba buena parte del lado uno en la versión vinílica) y los nuevos bríos de un recuperado Ratledge produjeron una obra vital que situó a Soft Machine otra vez en camino y le dio un impulso renovado al sonido Canterbury.
Esta curva creativa ascendente continuó con Softs, aparecido en septiembre de 1976. Hubo nuevos cambios de integrantes. A la guitarra estaba otro virtuoso, John Etheridge, que le dio a Softs un grado extra de soltura y versatilidad; y otro factor positivo fue el ingreso de Alan Wakeman en vientos (primo del entonces tecladista de Yes, Rick), lo cual permitió a Karl Jenkins hacerse cargo de los teclados y de buena parte de la composición y dirección musical, luego del sorpresivo éxodo del último miembro fundador del grupo, Mike Ratledge.
A partir de allí la historia de Soft Machine se va diluyendo, en parte porque muchos fans de la primera era no ven con buenos ojos las mutaciones estilísticas de la última etapa y en parte, también, por el cambiante clima musical de la segunda mitad de los ’70, con la explosión del punk y de la new wave, que puso en tela de juicio el status quo del rock que lo había antecedido. Si bien aparecería un puñado de álbumes más, como Alive and Well – Recorded in Paris (1978) y Land of Cockayne (1981), los mejores días de este bastión del sonido canterburiano que fue Soft Machine sin duda habían quedado comprendidos en su primer decenio de vida musical. Soft Machine surgió en una época de fulgor en el campo de las artes y de la contracultura británica. Tanto en su etapa psicodélica, como en su posterior inmersión en el terreno de la fusión entre el rock y el jazz, le cabe el mérito de haber consolidado una personalidad propia e inconfundible, al punto de ser la primera referencia obligatoria cuando aludimos al sonido de Canterbury como un elemento distintivo y único dentro de la de por sí muy rica etapa del sonido progresivo del Reino Unido.

Caravan


La historia de Caravan se remonta a enero de 1968, cuando tres de sus miembros originales, el tecladista David Sinclair, el guitarrista y cantante Pye Hastings y el baterista Richard Coughlan se separan de The Wilde Flowers y añaden a Richard Sinclair –primo de David- para iniciar una nueva aventura musical.
El sonido de Caravan planteaba desde el vamos una apertura interesante: partiendo de la fusión de jazz, rock y rhythm and blues que ya había sido probada en el crisol de The Wilde Flowers, el grupo le agregó un marco elástico de libre improvisación y un concepto melódico alejado de la estructura rígida “estrofa-estribillo-estrofa” dominante en aquellos tiempos en el estamento pop. El álbum debut, Caravan, editado por el sello Verve en octubre de 1968, era un primer paso prometedor. Por un lado el sonido del grupo se mantenía cerca de sus fuentes e incluso es posible detectar un nexo con el Soft Machine de la primera época, sobre todo en las partes vocales, que tienen cierta similitud con el registro de Robert Wyatt. Pero la música de Caravan ya esbozaba una personalidad propia, una dinámica grupal que se traslucía en los sofisticados pasajes del órgano de David Sinclair y en las aventuradas progresiones rítmicas que decoraban temas cruciales de aquel disco, como “Love song with flute” y “Cecil runs”. Aquella placa primigenia ostentaba, además, los síntomas inequívocos del entorno psicodélico contemporáneo: wah wha, coros etéreos, melodías lánguidas y cámaras de eco por doquier.
El segundo larga-duración, If I Could Do It All Over Again, I’d Do It All Over You, apareció en septiembre de 1970 y señaló el comienzo de la larga asociación artística de Caravan con el sello Decca, que en posteriores ediciones los derivaría a su etiqueta progresiva, Deram. If I Could Do It… mostraba a un Caravan asumiendo su personalidad musical con aplomo y coherencia. El sonido tiene más “aire”; las improvisaciones suenan con autoridad y hay una sensación de unidad omnipresente. La banda sabe lo que busca y va a por ello.
Para la grabación del álbum número tres, In the Land of Grey and Pink, que sale en Deram en 1971, Caravan fue aumentado con el aporte de Jimmy Hastings en flautas y saxos y David Grinsted en campanillas y vientos. Fue un paso adelante en cuanto a madurez y asentamiento. Caravan suena más calmo; la loca energía del disco previo había dado lugar a una música más reflexiva y cerebral pero sin enajenar el misterioso y sutilmente excéntrico encanto que caracterizó al grupo desde el vamos. En el lado dos de la versión vinílica Caravan se adentraba por primera vez en el reino conceptual a través de la suite “Nine feet underground”, una obra caracterizada por la sencillez del enfoque y lo bien que resuelven el argumento musical, con partes que encajan con naturalidad en el todo. Es singular el balance instrumental entre los músicos, si bien la guitarra de Hastings y los teclados de Sinclair acaparan los mejores pasajes de la obra.
A principios de 1972 la formación original de Caravan se habría de alterar con la partida de David Sinclair, aliado con Rober Wyatt para formar Matching Mole. Lo reemplaza un viejo conocido del grupo, Steve Miller, quien había formado parte de Delivery y de D.C. and the MB’s, otras dos bandas pioneras de la escena canterburiana. Las raíces musicales de Miller se evidencian en el cuarto álbum de Caravan, Waterloo Lily, aparecido en mayo de 1972. Su ingreso le dio al grupo una mayor soltura instrumental, aumentando el énfasis en el costado jazzero y agregando una bienvenida aproximación hacia el blues. La fineza del piano de Miller y la forma en que se complementa con el saxofonista invitado Lol Coxhill producen un exquisito balance entre el barroquismo de la primera era de Caravan y su nueva vertiente, más urbana y jazzera.
Más cambios aguardaban en el futuro de Caravan. En octubre del ’72 Richard Sinclair se va para fundar Hatfield and the North. Su puesto de bajista es ocupado brevemente por Stuart Evans y más tarde por John Perry. Miller también emigra y David Sinclair retoma los teclados tras un corto pasaje de Derek Austin. Se suma también Geoff Richardson en violín y la banda así formada graba For Girls Who Grow Plump in the Night (Deram, octubre 1973), un long-play más orientado hacia el rock progresivo tradicional por un parte –con varios contrapuntos entre guitarras, violín y teclados- y por otro lado hacia suaves melodías donde descollan las armonías vocales y los arreglos orquestales, preludiando el ambicioso proyecto que Caravan iba a encarar ese mismo año: la expresión de la música del grupo en un contexto orquestal. Esto no era novedoso en el campo del rock progresivo. Entre otros existían los antecedentes de Moody Blues en Days of Future Passed, de Deep Purple en Concert for Group and Orchestra y de The Nice en Five Bridges, por señalar tan sólo tres ejemplos, pero este tipo de experimentos no siempre fue coronado con el éxito artístico, quizás debido a las naturales diferencias contextuales y formativas de los músicos del campo popular y del clásico. El caso de Caravan fue diferente: el 28 de octubre de 1973 el grupo se presentó junto a la New Symphonia en el Theatre Royal, de Drury Lane, Londres, y cinco de las composiciones ejecutadas se transformaron en el siguiente álbum del grupo, Caravan and The New Symphonia (Deram, abril 1974). El experimento valió la pena porque demostró en forma práctica que la obra de Caravan era perfectamente compatible con la incorporación de partes orquestales sin que el resultado final resultase forzado. En la era del CD, el álbum se reeditó con el importante agregado de otras cuatro composiciones omitidas del original por razones de tiempo, con lo cual el álbum ganó en peso y consistencia.
En julio de 1974 John Perry se bajó de Caravan para dedicarse a trabajar como sesionista y más tarde unirse al grupo Quantum Jump. Su lugar en el bajo fue ocupado por un ex Curved Air, Mike Wedgwood, y poco después Caravan se abocó a la grabación de su séptimo disco, Cunning Stunts (Decca, julio 1975), un manojo de canciones orientadas al pop que alcanzaba sus mejores momentos con la suite “The Dabsong Conshirtoe” que se llevaba la mayor porción de la cara B en el disco de vinilo.
Con el año 1976 llegaría un cambio de sello grabador, de Decca a BTM, y la edición de Blind Dog At St. Dunstans, que ve la luz en el mes de abril y que trae la novedad de un nuevo tecladista, Jan Schelhaas, ocupando el lugar que dejó David Sinclair tras su segundo éxodo de Caravan.  Blind Dog… acentuó la transición hacia el pop esbozada en el disco previo pero aquí las composiciones tienen mayor firmeza en estructura y arreglos. Caravan demuestra que sabe ser rockero y hasta tornarse funky cuando las circunstancias así lo requieren, con guitarras punzantes y teclados en el mejor estilo honky-tonk. No obstante, siempre se hace presente la frase exuberante de saxo o el pasaje sutil de flauta para recordarnos ese algo diferente, ese “valor agregado” que ostenta la filial Caravan del sonido canterburiano.
Caravan seguiría en curso algunos años más editando álbumes correctos como Better By Far, que salió a mediados del ’77, y las décadas sucesivas han originado un par de reuniones celebratorias que también dejaron tras de sí nuevo material discográfico, tanto en vivo como en estudio. Sin embargo, este material no ha añadido demasiados elementos nuevos a los años de pico artístico del grupo, comprendidos entre 1968-1975 y reseñados certeramente por Decca en un álbum doble recopilatorio llamado The Canterbury Tales.

Otros Senderos Canterburianos: grupos derivados, bandas paralelas y proyectos solistas.

Robert Wyatt

En 1973, el mundo musical recibía con tristeza la noticia que Robert Wyatt había caído por la ventana de un quinto piso durante una fiesta y el accidente lo había dejado paralítico de la cintura para abajo. Las dudas que despertó este evento desgraciado en lo que hacía a su futuro musical pronto quedaron disipadas. Tras una tortuosa convalescencia, Wyatt volvió a la música con Rock Bottom (1974), álbum de una sobrecogedora intensidad y una reflexiva tristeza que se filtra por entre las cuidadas melodías en las que, una vez más, la voz del exSoft Machine impone su sello único. Ya no está su batería característica, persistente y anticonvencional, pero Wyatt se redescubre, además de cantante, como tecladista, potenciando su energía creativa en una serie de canciones de insondable incandescencia, cuya onda expansiva habría de abarcar, también, al disco siguiente, Ruth Is Stranger than Richard (1975).
Más tarde, Wyatt acuñó álbumes de insólito magnetismo, al mezclar su tenaz militancia política con su bizarro enfoque del pop como en Nothing Can Stop Us (1982), Old Rotterhat (1985) y Dondestan (1991). También inyectó novedosas tonalidades expresivas a covers como la de “Shipbuilding”, aquella gran balada anti-bélica de Elvis Costello-, el himno anti-racista “Strange fruit” o el hit “I’m a believer”, cuando todavía era más patrimonio de los Monkees que del ogro Shrek. En el camino colaboró con ambiciosos proyectos de Carla Bley, Paul Haines, Michael Mantler y Charlie Haden, artistas que partieron del jazz para adentrarse en nuevos campos del avant-garde donde música, poesía, teatro y testimonio social hacen causa común.
            En épocas más recientes, álbumes como Shlepp (1997) o Cuckooland (2003) han visto un Robert Wyatt inquebrantable en la concreción de su visión artística que posee la sofisticación de una música altamente emotiva, que abreva de diversos géneros y culturas sin perder el dinamismo y la espontaneidad atemporal del pop. Finalmente, en 2007 Wyatt volvió con Comicopera, donde colaboró, una vez más, su esposa Alfreda Benge en las letras y en la inspiración de las canciones. El propio músico lo definió con estas palabras: “Comicopera es acerca de las imprevisibles travesuras de la vida cotidiana; porque nuestra vida es caótica. El álbum trata de los seres humanos y las cosas que hacemos en nuestra búsqueda de estimulo, diversión y sentido…”  
           
Kevin Ayers

Después de participar en el primer álbum de Soft Machine, Kevin Ayers se retira de la banda, tras las presiones sufridas durante la primera gira estadounidense del grupo. Se asienta en Mallorca, desde donde lanzaría su carrera solista fichando para Harvest, la etiqueta progresiva de EMI. En diciembre de 1969 apareció su primer LP, Joy of a Toy, con un grupo de músicos que incluyó a Robert Wyatt en batería y al tecladista, compositor y arreglador David Bedford. Se trataba de un fresco testimonio de folk psicodélico inglés, con letras irónicas y con un toque de despreocupado existencialismo, que fue bien recibido por la crítica. Alentado por estos comentarios, Ayers decidió elevar la apuesta y para su segundo larga duración, armó un supergrupo de rock progresivo. Conservó a Wyatt y a Bedford y sumó al saxofonista Lol Coxill, y a un adolescente precoz que tocaba muy bien la guitarra: Mike Oldfield, quien pronto se haría muy famoso con su obra conceptual Tubular Bells. Grabó bajo el nombre de Kevin Ayers and the Whole World el álbum Shooting at the Moon, un proyecto más arriesgado y ambicioso que el debut, editado en 1970. El matrimonio del pop inteligente y la música avant-garde continúa en la discografía de Kevin Ayers con su tercer trabajo individual, Whatevershebringswesing, (enero 1971).  Sigue en este disco la práctica de las mini-suites, es decir de temas que fusionan el formato de canción pop con partes orquestales y fragmentos de efectos y libre improvisación. 
Después de otros dos álbumes brillantes y osados como Bananamour (1973) y Confessions of Dr. Dream and Other Stories (1974), Ayers entró en una meseta creativa. Sus canciones seguían siendo atractivas pero no sorprendían ya con la fuerza y originalidad de sus primeras obras. De todas maneras, el ex Soft Machine siguió activo a lo largo de los ’80 y aunque en la década pasada disminuyó el ritmo de su actividad musical, el nuevo siglo lo vio retornar con un excelente álbum, The Unfairground (2007).
           
Gong

Tras negársele la entrada a Inglaterra con sus compañeros de Soft Machine después de una gira por Francia, Daevid Allen regresó a Paris y comenzó a unir las piezas que derivarían en Gong. Daevid no era un líder como tal, sino más bien un catalizador. Así, con el marco de los convulsionados días de mayo del ’68, los diversos componentes del nuevo grupo fueron encontrando su lugar, comenzando por la cantante Gilly Smith (esposa de Allen) y el saxofonista Didier Malherbe. Uno de los puntales de Gong a lo largo de su historia, Malherbe comenzó a tocar el saxo a los quince años, influido por el jazz de Charlie Parker y sus contemporáneos. Conoció a Allen en la isla de Mallorca y fue el comienzo de una relación profesionanl que se extendió hasta fines de los años ’70. Otro músico de importancia clave en la banda (aunque se unió a la misma a partir del cuarto álbum) fue el guitarrista Steve Hillage, quien venía de integrar otras dos bandas fundacionales de la escena canterburiana como fueron Uriel y Khan. El primero de estos grupos luego derivaría en Egg, pero a esa altura Hillage se había enrolado en la universidad y al terminar sus estudios fundó el efímero Khan, que grabó un único LP Space Shanty (Deram, 1972), antes de desbandarse.
Aunque los primeros y erráticos años de Gong tienen discos recordables como Magick Brother, Mystic Sister y Camembert Electrique, puede decirse que el potencial de la banda llegaría a realizarse plenamente en una serie de álbumes que siguen a su contratación por el sello Virgin. Discos como The Flying Teapot y Angel’s Egg (ambos de 1973), You (1974) y Shamal (1976), donde la fusión del jazz con un rock salpicado de aristas espaciales se combina con un aire conceptual y un decidido sentido del humor para dar forma a una de las variantes musicales más originales de la familia canterburiana. Además del núcleo ya citado, Gong tuvo una pléyade de músicos que desfilaron por sus filas, entre ellos Tim Blake en sintetizador, Pierre Moerlen en batería, la futura esposa de Hillage, Miquette Giraudy en teclados y hasta el argentino Jorge Pinchevsky en violín. Steve Hillage y Daevid Allen dejaron Gong  a mediados de los ’70, llevándose mucho de la imaginación y la locura del grupo, que fue virando más y más hacia un jazz-rock convencional bajo la batuta de Moerlen. No obstante, la primera mitad de los ’70 fue increíblemente fructífera en ideas y es por eso que se lo considera como otro de los puntales del universo canterburiano. Tanto Allen como Hillage encararon prolíficas carreras en solitario posteriormente. El fundador de Gong se anotó con un disco clásico en Banana Moon (Caroline, 1975) en tanto que Hillage tiene varios álbumes recomendables, entre ellos Fish Rising (1975), L (1976) y Motivation Radio (1977), todos en Virgin.
           

Matching Mole

Matching Mole fue formado en diciembre de 1971 por Robert Wyatt, poco después de dejar Soft Machine. Los otros miembros fueron el tecladista David Sinclair, oriundo de Caravan, el guitarrista Phil Miller, proveniente de Delivery y de DC and the MB’s y el bajista Bill McCormick, proveniente del grupo Quiet Sun. Llegaron al disco con Matching Mole (CBS, abril 1972), un debut auspicioso. El cuarteto exploraba un estilo suelto, con una sólida base jazzera y la notable versatilidad vocal de Robert Wyatt y ese registro quejumbroso que le permite excursiones deliciosamente románticas como “O Caroline” y que, una vez más, también le permite utilizar la voz como otro instrumento, con el agregado de juegos de cintas y cámaras de eco. Honrando el pedigree de sus integrantes, Matching Mole mostraba también el atractivo de intrincadas improvisaciones instrumentales.
A pesar de la incuestionable calidad de sus miembros, la estabilidad interna de Matching Mole era precaria, a la manera de esa tradición nómada de los músicos canterburianos. Pronto comenzaron a correr rumores de separación, pero antes del “no va más” de MM, ocurrido a finales de 1972, en el mes de octubre de ese año apareció Little Red Record, un LP que llevaba un paso adelante los logros de su antecesor. El lado uno estaba compuesto por cinco temas unidos en forma de suite, una excursión intrépida al campo del free, donde se destaca especialmente el trabajo en teclados de Dave McRae. La contracara volvía a destacar los recursos guturales de Wyatt y la fascinación del grupo por los tape loops. Como detalle final cabe destacar que el álbum fue producido por el alma mater de King Crimson, Robert Fripp, y que –tras la disolución de Matching Mole, David Sinclair y Phil Miller fundaron Hatfield & the North, Bill McCormick pasó a integrar 801 y a participar en numerosas sesiones de grabación.
Durante una fiesta, Robert Wyatt cayó de un quinto piso y quedó paralítico de la cintura para abajo pero su inquebrantable espíritu lo hizo volver a la música ni bien salió del hospital, comenzando con Rock Bottom una notable fase solista que continúa hasta el presente. (Ver entrada). En cuanto a Dave McRae, poco se ha sabido de él desde entonces.

Hatfield & the North

Esta banda tomó su nombre de un cartel indicador de caminos situado a la vera de una autopista, al norte de Londres. H&TN fue ensamblado en octubre de 1972 y al principio lo integraron Richard Sinclair en bajo y voz, su primo David en teclados (pronto reemplazado por Dave Stewart), Phil Miller en guitarras y Pip Pyle –ex Chicken Shack, Delivery y Gong- en batería.  Tras presentar su sonido volcado al jazz experimental por varias salas de concierto y radios inglesas, Hatfield & the North firmó contrato con el sello Virgin, donde apareció su primer disco a mediados de 1974. Se puede afirmar que esta obra primera era un ejemplo clásico de sonido canterburiano, con un material que iba desde el jazz más explosivo a pasajes melódicos de singular delicadeza. Exhibía una rica instrumentación, destacando especialmente el timbre sutil del teclado de Stewart y la soltura lírica del guitarrista Miller, todo esto rubricado por una labor sobresaliente, en saxos y flautas, de Geoff Leigh, un músico “pedido a préstamo” al grupo Henry Cow. (ver historia de Henry Cow en el capítulo sobre “Rock In Opposition”). Otro elemento de gran riqueza fueron los coros de las Northettes: Amanda Parsons, Barbara Gaskin y Ann Rosenthal.
El segundo álbum, The Rotters Club, continuaba en un clima musical parecido y resultaba evidente que a Hatfield le sobraba habilidad para producir una música creativa y original. En esta ocasión, la lista de invitados se amplió con Jimmy Hastings en flautas y saxos, Mont Campbell en corno francés, Lindsay Cooper en oboe y basoon y Tim Hodgkinson en clarinete. Como fuere, la música de H&TN no tuvo el impacto esperado entre el público y, a pesar de que más de un crítico especializado se rasgase las vestiduras ponderando las virtudes de esta banda, esta falta de reacción popular trajo aparejada la prematura disolución.  Miller y Stewart continuarían sus andanzas musicales en National Health.


National Health y la saga de Dave Stewart

            Para hablar de las raíces de National Health, es necesario trazar el derrotero del tecladista Dave Stewart, otro protagonista privilegiado del árbol genealóico canterburiano.  Stewart fundó Uriel en 1967 con Steve Hillage y cuando el futuro guitarrista de Gong deja el grupo en 1968 para entrar en la universidad, Uriel se transforma en el trío Egg, con Stewart como figura central, acompañado por Mont Campbell en bajo y voz y Clive Brooks en batería. Los dos primeros álbumes, Egg (1970) y The Polite Force (1971) muestran un intrépido intento de aunar un sonido de fusión jazz-rock con elementos de música clásica tradicional y contemporánea, y variadas métricas rítmicas, donde el piano y el órgano de Stewart tienen el mayor protagonismo, seguidos de cerca por el amplio rango vocal de Campbell. 
            Al terminar Hillage sus estudios, se juntó con Stewart para formar Khan, junto al ex bajista de Crazy World of Arthur Brown, Nick Greenwood, y grabar un único álbum en Deram, llamado Space Shanty (1972). Egg tendría una efímera reformación que produjo el LP The Civil Surface en 1974 y poco después Stewart integraría Hatfield & the Norh (ver entrada).
            Cuando se produce el final de los Hatfield, Stewart y el guitarrista Steve Miller deciden continuar su asociación musical en National Health pero antes de consolidarse en una formación estable pasarían por el grupo varios músicos ilustres, como el baterista Bill Bruford, el ex Gilgamesh Alan Gowen en piano y sintetizador y el viejo cruzado de los días de Egg Mont Campbell en bajo y corno francés.
            Después de una gira que tuvo muy buenas críticas, en junio de 1976 otro ex Gilgamesh, Neil Murray, reemplaza a Campbell y otro viejo amigo, Pip Pyle, ocupa el lugar que dejaría vacante Bruford en la batería. A pesar de una intensa actividad de presentaciones por toda Inglaterra, el año 1977 –epicentro del punk- se va en una búsqueda infructuosa de un sello grabador que se interese en la música de la banda, hasta que finalmente son fichados por Affinity, la rama jazzera y experimental de Charly Records. En consecuencia, el National Health que graba el álbum debut homónimo (1977) está integrado por Stewart, Miller, Murray y Pyle, con frecuentes apariciones de Parsons y Gowen. La música tiene la interacción instrumental y la atmósfera expansiva del sonido clásico canterburiano, jalonada con el toque etéreo de la voz de Parsons.  Para Of Queues and Cures (1978), John Greaves, ex Henry Cow, había tomado el lugar de Murray. Un tercer álbum en estudio, D.S. Al Coda (1982) cerró la discografía de National Health durante su vida grupal, aunque más tarde aparecería un CD en vivo llamado Playtime conteniendo material de dos shows grabados en Francia y Estados Unidos en 1979.

Alan Gowen/Gilgamesh/Soft Heap

            Sin haber tenido la repercusión de colegas como Mike Ratledge, David Sinclair o Dave Stewart, el tecladista Alan Gowen fue una figura muy respetada del universo musical canterburiano. Comenzó a tocar en grupos de principios de los ’70, como Assagai y Sunship pero obtuvo cierta prominencia recién en 1972, cuando se erigió como el nervio motor de Gilgamesh, grupo instrumental que incluyó entre sus músicos al baterista Mike Travis, el saxofonista Alan Wakeman (más tarde en una las últimas formaciones de Soft Machine), el bajista Jeff Clyne y el guitarrista Rick Morcombe. Después de una series de cambios de personal –tópico endémico al rock canterburiano- Gowen, Travis, Clyne y el guitarrista Phil Lee editaron el álbum debut homónimo de Gilgamesh en 1975, un disco que tenía los resabios típicos del género: las composiciones de Gowen destacaban una combinación de complejidad y búsqueda melódica, armonizando elasticidad del jazz con la energía del rock.
            Gowen fue miembro fugaz de National Health pero su compromiso con Gilgamesh continuó y de hecho el grupo grabaría un segundo álbum, Another Fine Tune You’ve Got Me Into (1979) con la participación del ex Soft Machine Hugh Hopper. Antes de su temprana muerte en 1982, Gowen grabó el álbum homònimo del supergrupo canterburiano Soft Heap –junto a Elton Dean, Hugh Hopper y Pip Pyle- hizo un álbum en colaboración con Hugh Hopper (Two Rainbows Daily) y un último LP, Before a Word Is Said, con otros varios cruzados canterburianos, como el guitarrista Phil Miller, el bajista Richard Sinclair y el baterista Trevor Tomkins.

Isotope

            Las credenciales del guitarrista Gary Boyle venían de acompañar a la cantante Dusty Springfield y de integrar un grupo inglés pionero de la fusion jazz-rock en los 60s, Brian Auger & the Trinity. Tocando junto al percusionista japonés Stomu Yamash’ta, Boyle conoció al baterista Nigel Morris y juntos establecieron la semilla fundacional de Isotope en 1973. Con la subsiguiente incorporación del bajista Jeff Clyne, grabaron su primer LP que llevó el nombre del grupo como título y para el segundo álbum, Illusion, Hugh Hopper había ocupado el sitial de Clyne y se había agregado el tecladista Laurence Scott. Hopper duró poco y –con otros cambios en la alineación- Isotope grabó su disco final, Deep End, en 1976.

Delivery

Uno de los grupos pioneros de culto de la historia musical canterburiana, nació a principios de 1968 junto a la segunda camada de blues blanco británico, estilo que se reflejó con creces en su primera etapa grupal, cuando lo integraban Jack Monk en bajo, Pip Pyle en batería, Steve Miller en piano y voz, Phil Miller en guitarra y Lol Coxhill en saxos. La segunda era de Delivery, desde principios de 1969 hasta la primavera boreal del ’71, ya con Roy Babbington en el bajo y Carol Grimes en voz, tiene un estilo más suelto e inclinado hacia el jazz, como demuestra su único álbum, Fools Meeting.

D.C. and the MB’s

Formado por Steve y Phil Miller, Lol Coxhill, Judy Dyble (voz y armónica), y Laurie Allan (batería), tomó su nombre de los apellidos de sus integrantes (Dyble, Coxhill and the Miller Brothers). A pesar de su corta existencia, que sólo abarcó el verano inglés de 1971, D.C. and the MB’s realizó un excelente recital al aire libre en Aylesbury Marquet Square. Tras la disolución de la banda, el saxofonista Lol Coxhill desarrolló una prolífica carrera individual, que incluye álbumes como Ear of the Beholder (1971), Toverbal Sweet (junio 1972) y Fleas in Custard (marzo 1976), dos discos en colaboración con Steve Miller y una innumerable cantidad de sesiones de estudio.

Quiet Sun
           
Existió entre 1969 y 1971 con un núcleo integrado por Dave Jarrett en teclados, Phil Manzanera en guitarra, Bill McCormick en bajo y Charles Hayward en batería. Quienes los vieron en aquellos tiempos primerizos destacan el sesgo avant-garde de su música. Más tarde sus miembros se desperdigaron en proyectos varios pero en 1975 y debido al éxito de Manzanera con Roxy Music, el grupo volvió a juntarse para grabar el álbum Mainstream con la participación especial de Brian Eno. De Quiet Sun surgió también el núcleo constitutivo de una interesante banda de fusión, 801.                     
               
Bibliografía

Bennett, Graham: Out-Bloody-Rageous  (Londres: S.A.F., 2005)
Frame, Pete:“Soft Machinery”, Rock Family Trees (New York/London: Quick Fox, 1979)  p.16.
Basabru, Fernando: “National Health: Inglaterra goza de buena ‘salud’”, Expreso Imaginario, vol. 20 (1978), p.44.
Basabru, Fernando: “Gong”, Expreso Imaginario, vol. 21 (1978), pp. 27, 30-32.
Rosso, Alfredo: “Soft Machine, diez años de avanzada”, Expreso Imaginario, vol. 5 suplemento Mordisco, vol. 4 (1976), pp. 12-13.
Rosso, Alfredo: “Eslabones perdidos – Los cuentos de Canterbury”, Expreso Imaginario, vol. 31 (1979), pp. 40-43.
Rosso, Alfredo: “Robert Wyatt, la voz persistente”, La Mano, vol. 46 (2008), pp. 60-61
Dougan, John: “Robert Wyatt”, All Music Guide, www.allmusic.com (09-11-08)
Lynch, Dave: “Alan Gowen”, All Music Guide, www.allmusic.com (09-11-08)
Hill, Gary: “Soft Heap”, All Music Guide, www.allmusic.com (09-11-08)

Discografía Selecta

The Wilde Flowers: The Wilde Flowers (Voiceprint, 1994) (Grabaciones de 1965-69)
Soft Machine: Soft Machine (Probe, 1968)
Soft Machine: Soft Machine, Vol. 2 (Probe, 1969)
Soft Machine: Third (CBS, 1970)
Soft Machine: Fourth (CBS, 1971)
Caravan: Caravan (Verve, 1968)
Caravan: If I could do it all over again, I’d do it all over you (Decca, 1970)
Caravan: In the land of grey and pink (Deram, 1971)
Caravan: For girls who grow plump in the night (Deram, 1973)
Robert Wyatt: Rock Bottom (Virgin, 1974)
Robert Wyatt: Ruth is stranger than Richard (Virgin, 1975)
Robert Wyatt: Comicopera (Domino, 2007)
Kevin Ayers: Joy of a toy (Harvest, 1970)
Kevin Ayers: Shooting at the moon (Havest, 1971)
Gong: Angel’s egg (Virgin, 1973)
Gong: You (Virgin, 1974)
Daevid Allen: Banana moon (Caroline, 1975)
Khan: Space shanty (Deram, 1972)
Steve Hillage: Fish rising (Virgin, 1975)
Matching Mole: Matching Mole (CBS, 1972)
Hatfield And The North: Hatfield And The North (Virgin, 1974)
National Health: National Health (Affinity, 1977)
Egg: Egg (Deram/Nova, 1970)
Gilgamesh: Another fine tune you got me into (Charly, 1978)
Isotope: Illusion (Gull, 1975)
Quiet Sun: Mainstream (Island, 1975)
                                                                                                Alfredo Rosso




lunes, 20 de febrero de 2012

MOTOWN: EL SOUL QUE UNIÓ DOS RAZAS

Esta nota salió por primera vez en 2009. Aquí se publica sin editar, y con el título original.
 
Fue un sonido nuevo, vital, irresistible. Salió del corazón industrial de Estados Unidos y se esparció por todo el mundo. Fue todo un símbolo del progreso y de las aspiraciones de la clase media negra en los años ’60.  Motown, el gran sello discográfico de Detroit, cumple 50 años. Esta es su historia.

            Los pioneros suelen tener un gran sueño. Sam Phillips buscaba un muchacho blanco que cantase como un negro y encontró a Elvis Presley. Berry Gordy Jr. quería un sonido que llegase al corazón del público negro y blanco por igual, y el resultado fue el soul de Motown.
            Como otras muchas familias negras estadounidenses, la de Berry Gordy había emigrado a Detroit desde el Sur segregacionista con la esperanza de un trabajo sólido y un mejor nivel de vida. Por entonces Detroit era conocida como “The Motor Town”, porque allí se ensamblaban los cientos de miles de automóviles que –en la inédita prosperidad que siguió a la posguerra- habían puesto al Sueño Americano literalmente sobre ruedas.
            El joven Berry Gordy tuvo un buen número de empleos menores antes de meterse en la industria musical como autor. En los años ’50 escribía canciones para diversos artistas, grababa demos y se las ofrecía a discográficas de Nueva York por un porcentaje ínfimo de regalías. Sus temas rara vez recibían promoción y el pago era escaso pero Berry perseveró, hasta que en 1957 su tema “Reet Petite” se convirtió en un gran hit para Jackie Wilson; el primero de una serie que –en apenas dos años- lo convirtió en un próspero y respetado compositor. 

 Smokey Robinson & the Miracles
En 1959, Berry compuso y produjo un tema para un cantante local llamado Marv Johnson, “Come to me”, en el sello United Artists. La canción era sencilla: letras simples y un ritmo sostenido. Pero Gordy decidió agregarle un coro femenino con rastros de gospel, un bajo poderoso, una pandereta para reforzar la percusión, un persistente sonido de saxo barítono y hasta un solo de flauta. Nacía una nueva música: tenía el ritmo sostenido del rhythm and blues negro y la atractiva melodía del pop blanco. Pero -por sobre todo- tenía alma; tenía soul.
 "Little" Stevie Wonder
            Gordy pronto comprendió que la única forma de concretar su sueño sería producir y comercializar sus canciones por su propia cuenta. Y así nació Tamla, que luego se transformó en Motown, apocopando el sobrenombre de la ciudad que lo vio nacer. Toda compañía necesita dinero para afirmarse y Gordy transformó esa obsesión en un gran hit para Barrett Strong. “Money (That’s what I want)” decía: “Las mejores cosas en la vida son gratis / pero eso decíselo a los pájaros y a las abejas / a mí dame dinero, porque eso es lo que quiero…”
 Berry Gordy Jr., creador de Motown
            En la primera mitad de los años ’60 el crecimiento de Motown fue imparable. A través de grupos femeninos como The Marvelettes, The Supremes -con Diana Ross- y Martha and the Vandellas; masculinos, como The Temptations, The Four Tops, Smokey Robinson & the Miracles y The Isley Brothers; mixtos, como Gladys Knight and the Pips; y de solistas como Mary Wells, Thelma Houston, Jimmy Ruffin y Edwin Starr, el sello de Berry Gordy cosechó una impresionante cadena de hits en forma de singles, muchos de los cuales llegaron al lugar más alto del ránking estadounidense. 
 
The Temptations
            Entre los artistas de mayor éxito del sello hubo un puñado de genios precoces, como el cantante, compositor, tecladista y arreglador Stevie Wonder, responsable de una auténtica revolución en el campo del soul y del pop. Otro hijo dilecto de Motown fue Marvin Gaye, quien además de ser un gran cantante y compositor, también tocó la batería en varias tempranas sesiones de Motown. En la compañía de Detroit también debutó un niño llamado Michael Jackson, en un grupo que integró junto a cuatro de sus hermanos y que, apropiadamente, se llamó The Jackson 5.
            Más allá de sus características peculiares, todos los artistas de Motown contaban con exquisitos arreglos vocales, atractivas coreografías escénicas y una impecable presencia en lo que concernía a la imagen pública de sus músicos. 
 Martha and the Vandellas
            Otro elemento clave de su éxito fue la decisión de Gordy de contar con un núcleo estable de experimentados músicos de sesión, quienes le imprimieron a las grabaciones de Motown un sonido poderoso y maleable a la vez: sabían resaltar el beat bailable en los temas rápidos hasta volverlo irresistible y también enfatizar al máximo el tono dramático de una balada. En ambos casos, el sonido Motown se imponía con la misma autoridad desde el mejor de los estéreos o saliendo de una estación de AM por la radio del automóvil. 
 The Supremes
Además, Gordy sabía por propia experiencia que la única manera de garantizarle a Motown una continua serie de hits era contar con un puñado de compositores y productores confiables, así que contrató a Smokey Robinson como compositor y también como intérprete -con su grupo The Miracles- y pronto se sumó también Lamont Dozier, quien formaría una memorable sociedad autoral con Brian y Eddie Holland. Más tarde se acoplaría al pool creativo otro destacado dúo autoral, el de Norman Whitfield y Barrett Strong.
Aunque las canciones de Motown parecieran sencillas en la superficie, una audición atenta revelaba detalles de impensada sofisticación. En las letras predominaban los argumentos románticos, pero sus autores le añadían un tono reflexivo o algún tinte levemente picaresco que les daba un toque extra de realismo. Por sobre todo, una canción de Motown inyectaba optimismo y bienestar en el oyente, dos factores que siempre han sido grandes motivadores a la hora de comprar un disco.    
 
The Jackson 5   
Hacia mediados de los ‘70, con el incremento en popularidad del rock progresivo y una sociedad más endurecida en lo social y político, los hits se volvieron más esporádicos, aunque artistas como Lionel Richie o el propio Stevie Wonder siguieron manteniendo encendida la llama de Motown hasta bien entrados los ’80. Por otra parte, la influencia de Motown en la música popular de las décadas siguientes fue enorme. Tanto el funk de Parliament y Funkadelic como los experimentos radicales de Prince, pasando por la explosión de la música Disco y el boom del soul blanco en nuestro siglo, serían difíciles de imaginar sin el antecedente del sello de Detroit.
Marvin Gaye
            Motown, además de un sonido, fue todo un símbolo. Un emblema del cambio de status social del negro estadounidense, que en aquellos años transformadores de la década del ’60 luchaba arduamente por el reconocimiento de sus derechos civiles, por condiciones de trabajo dignas y por hacer que esa frase acerca del derecho a la búsqueda de la felicidad -que le garantizaba la Constitución de su país- no se transformara en letra muerta. Hoy día, con la asunción de Barack Obama a la presidencia de los Estados Unidos puede decirse que al menos una gran parte de aquel sueño que parecía una utopía hace cincuenta años, cuando Motown dio sus primeros pasos, se ha transformado en realidad.

                                                                       Alfredo Rosso


20 clásicos Motown

  1. I heard it through the grapevine – Marvin Gaye – 1968 - # 1
  2. Dancing in the street – Martha & the Vandellas – 1964 - #2
  3. Superstition – Stevie Wonder – 1973 - # 1
  4. You can’t hurry love  – The Supremes – 1966 - # 1
  5. My girl – The Temptations – 1964 - # 1
  6. The tears of a clown – Smokey Robinson & the Miracles – 1970 - # 1
  7. Please Mr. Postman – The Marvelettes – 1961 - # 1
  8. Reach out I’ll be there – The Four Tops – 1966 - # 1
  9. Shotgun – Jr. Walker & the All Stars – 1965 - # 4
  10. My guy – Mary Wells – 1964 - # 1
  11. What becomes of the brokenhearted – Jimmy Ruffin – 1966 - # 7
  12. You are the sunshine of my life – Stevie Wonder – 1973 - # 1
  13. Baby love – The Supremes – 1964 - # 1
  14. War – Edwin Starr – 1970 - # 1
  15. (Love is like a) Heat wave – Martha & the Vandellas – 1963 - # 4
  16. I want you back – The Jackson 5 – 1969 - # 1
  17. Stop! in the name of love – The Supremes – 1965 - # 1
  18. Just my imagination (running away with me) – The Temptations – 1971 - # 1
  19. Let’s get it on – Marvin Gaye – 1973 - # 1
  20. You’ve really got a hold on me – Smokey Robinson & the Miracles – 1962 - # 8


La Conexión Británica

        Al pensar en covers de temas de Motown, enseguida nos viene a la mente la monumental versión de “I heard it through the grapevine”, el hit supremo de Marvin Gaye, que Creedence Clearwater Revival grabó en su álbum Cosmo’s Factory, o la versión de “How sweet it is (to be loved by you)”, del mismo artista, que inmortalizó James Taylor. Sin embargo, el sonido Motown también tuvo admiradores devotos del otro lado del Atlántico, particularmente en Inglaterra. Los Beatles lo demostraron grabando sus propias, excelentes versiones de “Money”, “Please Mr. Postman” –el hit de las Marvelettes- y “You’ve really got a hold on me”, de Smokey Robinson & The Miracles, en su segundo álbum, With the Beatles, que salió en diciembre de 1963. Poco después estalló la Beatlemanía en todo el mundo, lo cual contribuyó a que esos temas de Motown se volviesen más populares todavía a través de los Fab Four.
          Los Rolling Stones no se quedaron atrás. En un EP de enero de 1964 registraron su propia versión de “Money” seguida, tres meses más tarde, por el cover de “Can I get a witness” (de Holland-Dozier-Holland, con versión original de Marvin Gaye) que incluyeron en su álbum debut. Un año y medio después, en Out of our Heads, el elegido fue otro tema grabado y en este caso también escrito por Gaye: “Hitch Hike”. Por otra parte, la recopilación Flowers, de 1967, el track de los Temptations “My girl”, grupo que volvió a ser homenajeado por los Stones en It’s Only Rock and Roll, de 1974, con “Ain’t too proud to beg” y en  Some Girls (1978) a través de “Just my imagination (running away with me)”. Por último, para el disco en vivo del ’82, Still Life, incluyeron “Going to a go-go”, de Smokey Robinson & the Miracles. Pero la conexión stoniana no concluye aquí, ya que años más tarde Mick Jagger -a dúo con David Bowie- cubriría “Dancing in the street”, el gran hit de Martha & the Vandellas.
            Otras covers famosas de Motown por artistas británicos fueron el clásico de Martha & the Vandellas “(Love is like a) Heat wave”, por The Who y “I wish it would rain” (Temptations), “You can’t hurry love” (The Supremes) y “Ball of confusion”, las tres a cargo de Phil Collins. “Ball of confusion” fue también grabado en 1986 por Love & Rockets, banda integrada por ex miembros de los góticos Bauhaus.

domingo, 19 de febrero de 2012

UN EXILIO MUY PRODUCTIVO


  
Esta nota salió en revista LA MANO hace unos dos años, cuando se reeditó "Exile on Main Street" en una edicion especial remasterizada y con un CD extra de Bonus Tracks inéditos.

 Humedad, techos bajos, cargosos merodeando a toda hora, abundancia de alcohol y sustancias “non sanctas”… la casa de Keith Richards en el sur de Francia era un caos sideral, pero los Rolling Stones grabaron allí uno de los mejores discos de su historia, el álbum doble Exile On Main Street, que ahora sale remasterizado y con varios bonus tracks. Alfredo Rosso se zambulló en su leyenda. 

            Nacía la década del ’70 y los Rolling Stones venían de pasar por un par de años agitados. Primero fue la expulsión de la banda y posterior muerte de uno de sus fundadores, el guitarrista y multiinstrumentista Brian Jones, con quien la banda había grabado buena parte de sus hits, desde “Satisfaction” y “The last time” a “Jumping Jack Flash” y “Street fighting man”. Luego, ya con su reemplazante Mick Taylor a bordo, vino la consagratoria gira de 1969 que, sin embargo, tuvo un final amargo con la tragedia de Altamont, donde un fan fue muerto a puñaladas por un miembro de los Hell’s Angels, a la sazón encargados de la seguridad de aquel festival. A todo esto, los Stones quebraron lanzas con Decca, la compañía discográfica que había lanzado sus discos clásicos de los ‘60s, y habían montado su propio sello grabador, con el famoso logo de la lengua. El debut en su compañía no podría haber sido más auspicioso: el álbum Sticky Fingers continuaba el camino de retorno a las raíces de blues y rhythm and blues de la banda, insinuados en otros dos grandes discos previos, Beggar’s Banquet y Let It Bleed.
            Al comenzar 1971, no todo era tranquilidad en el campamento stone. A Keith Richards se lo veía cada día más enganchado en las drogas duras; Mick Jagger estaba a punto de casarse con la nicaragüense Bianca Rose Pérez Moreno de Macías, cuya incorporación al entorno de la banda pronto causaría rispideces entre los socios principales. Y si bien Sticky Fingers les había granjeado unánimes pulgares en alto por parte de la prensa musical, los Rolling se encontraban en medio de una crisis financiera que en breve los obligaría a adoptar una medida extrema: la de exiliarse de Inglaterra por motivos impositivos. Esta fue la razón principal de que el siguiente álbum de los Stones se grabase fuera del Reino Unido.
            El sitio elegido fue Nellcôte, la casa señorial que Richards había alquilado en el sur de Francia, más precisamente en Villefranche-sur.Mer, una casa señorial que, se rumoreaba, había sido un cuartel general de la Gestapo durante la invasión nazi en la Segunda Guerra Mundial. La mansión de Keith era vecina a una tranquila villa pesquera en la costa del mar Mediterráneo y el alquiler eran unos diez mil dólares mensuales. El plan original era que los Stones buscasen otra casa para grabar el disco, pero Ian Stewart, el colaborador “todo terreno” de la banda –además de pianista desde el año cero- no consiguió encontrar un sitio apropiado donde instalar el estudio móvil de grabación de la banda. La producción del álbum sería, una vez más, de Jimmy Miller, quien ya había trabajado con los Stones en los álbumes previos Beggars Banquet, Let It Bleed y Sticky Fingers y lo secundarían varios ingenieros de grabación, entre los que se contaban los hermanos Andy y Glyn Johns.
            Los problemas comenzaron temprano en Nellcôte. Para empezar la electricidad solía fallar en el momento menos pensado y había tanta humedad durante los meses de verano que los instrumentos se desafinaban constantemente. Para colmo, el desfile de amigos, amigos de amigos, dealers, groupies y demás fauna rockera era incesante. También se hizo presente Gram Parsons, quien se estaba tomando una larga licencia de su puesto como líder de los Flying Burrito Brothers y para cultivar su amistad con Richards. Es muy probable que Parsons haya aportado más de una idea al álbum, especialmente en los temas que tienen vestigios de música country, pero también que su propensión al alcohol y las drogas pesadas hayan sido otro elemento conflictivo.
            La acústica en el sótano de Nellcôte, donde grababan los Stones era otro de los problemas insalvables y era común que los ingenieros de grabación se pasaran horas tratando de lograr un balance de sonido aceptable. Pero quizás por eso mismo, por la densa concentración de instrumentos en los diversos canales de grabación –los cinco Stones, el saxofonista Bobby Keys, el trompetista Jim Price y los tecladistas Nicky Hopkins, Billy Preston y el propio Ian Stewart, más otros ocasionales invitados- Exile On Main Street tiene un sonido único; una abigarrada madeja musical que transpira rock and roll y rhythm and blues de gran vitalidad.
            Las sesiones de Nellcôte se prolongaron durante seis meses y los temas resultantes se sumaron a canciones previas que habían sobrado de sesiones anteriores en los estudios Olympic de Londres y en la casa campestre de Jagger, Stargroves. Cuando quisieron acordarse, los Stones tenían en sus manos dieciocho canciones, suficientes como llenar un disco doble. La grabación se completó poco después en Los Angeles, donde también se realizó la mezcla, y el 12 de mayo de 1972 Exile On Main Street llegaba por fin a las bateas de las disquerías.
            Como suele ocurrir con muchos grandes discos (me vienen a la memoria Pet Sounds, de los Beach Boys y Village Green Preservation Society, de los Kinks) la reacción de la prensa y del público fue lenta. Se habló de lo caótico del sonido, de la voz de Jagger sepultada en la mezcla y de las turbulentas sesiones de Nellcôte, pero a los escribas les llevó un buen tiempo reconocer a Exile On Main Street como el clásico que realmente es. Hoy día, a treinta y ocho años de su edición original es raro hojear una encuesta de los mejores 100 discos de la historia del rock sin ver la portada ya familiar del álbum doble de los Stones.

Exile, tema por tema

           
            Exile… comenzaba a pura energía, con “Rocks off”, y una letra que habla de frustración sexual: estaba haciéndole el amor a una bailarina amiga anoche", canta Jagger "pero no podía mantener el ritmo y ella en cambio parecía acabar cada vez que se contorsionaba sobre mí". El tema alcanzaba su climax, valga la contradicción, con la participación de los bronces de Bobby Keys y Jim Price, viejos amigos de la banda.
            "Rip this joint" no es una alusión al porro, como algunos podrían suponer, sino que incita a poner patas para arriba a un local de música a puro rock and roll. Y escuchando el ritmo desenfrenado no cabe duda de que es un homenaje de los Rolling a sus raíces, a esos podridos rock and rolles acuñados en quién sabe qué club de mala muerte de Memphis o New Orleans. Las guitarras de Richards y Taylor son pura adrenalina, pero las palmas se la llevan una vez más los bronces de Price y Keys y el piano del “sexto Stone”, Ian Stewart, quien parece estar más a gusto que nunca en este ambiente musical.
            Por su parte,  “Shake Your Hips” es un tributo al gran bluesman de Baton Rouge Slim Harpo, del cual la banda ya había hecho "I'm a King Bee" en el primer álbum de los Rolling Stones, allá por 1964. “Shake Your Hips” conserva el clima misterioso y sensual de los discos de Harpo, algo que se hace evidente en el contrapunto de las guitarras y la voz obsesiva de Jagger.
            “Casino boogie” es un shuffle que se va volviendo contagioso a medida que entramos en calor con su ritmo persistente. Richards toca el bajo y la banda en pleno se abandona en una zapadita que se va en fade-out. El nombre del tema, como el de “Tumbling dice” (Tirando dados) muy probablemente haya sido inspirado por la conveniente proximidad de los casinos del sur de Francia. Se dice que Keith a menudo se daba una vuelta por las mesas de dados y de ruleta cercanas a Montecarlo, antes de regresar a las sesiones de grabación.
            En el disco doble de vinilo, el primer lado de Exile se completaba con el mencionado “Tumbling  Dice”, con un típico riff de Richards y un coro que ya se ha vuelto clásico, porque el tema entró en el repertorio escénico de los Stones desde 1972 y nunca se fue. Sin embargo, “Tumbling dice” no fue fácil de grabar: comenzó con una letra diferente y con el nombre de “Good time women” y pasó por incontables transformaciones, hasta que Richards logró refinar el fraseo de guitarra que conocemos.
            “Sweet Virginia” es otro de los temas más recordados de Exile.  Se trata de un guiño de los Stones a la música country, y había quedado guardado en los archivos de la banda desde las sesiones de Sticky Fingers en los estudios Olympic de Londres. De allí viene la diferencia básica en el sonido, bastante más limpio que las grabaciones hechas en la mansión de Richards.
            Una de las grandes ironías de Exile on Main Street es que, a pesar del clima de pandemonium general, la parsimonia del ritmo de grabación, y el propio desgaste físico del dueño de casa, Richards se las arregló para que los Stones concretaran una notable obra que mezcla blues, folk, country, gospel y rock and roll en un todo monolítico. Se podría decir, incluso, que el sonido opaco y denso del álbum es parte integral de su encanto. Jagger, por su parte, recuerda las sesiones con un sentimiento ambiguo: “…Nos quedábamos despiertos toda la noche… Había esa cosa comunal en la que no sabés si estás grabando o viviendo o cenando; no sabés cuando vas a tocar, cuando vas a cantar… era muy difícil. Había demasiados colgados allí. Yo decidí seguir la corriente y el álbum se hizo. Estas cosas tienen una cierta energía y fluyen a su manera. Pero hubo momentos imposibles, porque todo el mundo estaba demasiado ido…”  Las implicancias de la vida que menciona Jagger se ven claramente en “Torn and frayed” (Roto y deshilachado) donde Mick canta acerca de un músico marginal, atrapado en las redes de la vida que lleva. Al Perkins le agrega al tema el encanto de su guitarra pedal steel, mientras que el trompetista Jim Price, curiosamente, se hace cargo del órgano Hammond.
            Otro tema que había quedado archivado desde los días de Sticky Fingers fue “Sweet Black Angel”, una suave balada acústica que se registró con el estudio móvil de la banda en la casa que Jagger tenía en Stargroves, Inglaterra, y que fue inspirada en la activista afroamericana Angela Davis, por entonces una celosa defensora de los derechos civiles de las minorías en Estados Unidos, quien aparecía a menudo en la primera plana de los diarios por la vehemencia de sus declaraciones.
            A continuación venía un tema que los Stones habían estrenado en 1969, en aquel célebre concierto gratuito del Hyde Park de Londres que se transformó en homenaje póstumo a Brian Jones. Se trataba de una canción con aires de gospel llamada “Loving cup”, que tiene a Nicky Hopkins en piano y, una vez, más la demoledora sección de vientos de Bobby Keys y Jim Price.
            Keith Richards parecía estar demasiado ocupado haciendo de anfitrión y compenetrándose en su rol de guitarrista como para acordarse de cantar, pero su única aparición como primera voz de la banda en Exile On Main Street se transformó en todo un clásico de los Stones: el juguetón tema “Happy” (Feliz), que comenzaba el lado tres de la versión vinílica, y cuya letra parecía encajar a medida con la fama de forajido de Keith: "Nunca pude conservar un dólar hasta la noche" decía la estrofa inicial  siempre me quemó en el bolsillo. Y siempre acepté los caramelitos que me daban los extraños. Pero necesito tu amor para mantenerme feliz”.
            El poco delicado título “Turd on the run” –un sorete en fuga- tenía una de las mejores partes de armónica de Jagger en todo el disco. El tema tiene un ritmo hipnótico y enérgico que recuerda la tradición blusera del Norte del Mississippi y en particular los temas de Fred McDowell, una de las leyendas de esa comarca. Los Stones tocan con sensible abandono y euforia esta canción que los remitía, una vez más, a sus fuentes de inspiración originales.
            En “Ventilator blues” Mick Taylor logró su único crédito de co-compositor en un tema de los Stones. De acuerdo con el ingeniero Andy Johns, esta canción fue inspirada por las condiciones en que se grabó: había sólo una pequeña ventana en la habitación donde estaban los músicos, y apenas un pequeño ventilador eléctrico girando sobre la cabeza del baterista Charlie Watts, por lo que la circulación de aire era mínima y el vapor de la transpiración de los músicos flotaba en el ambiente.
            El intenso, barroso “Just wanna see his face” fue otro de los acontecimientos accidentales de Exile On Main Street. Comenzó como una grabación “lo-fi”, con Jagger cantando, sentado en una silla, mientras Richards tocaba teclados. El tema tiene un eco profundo, como si se hubiese registrado en una antigua y cavernosa catedral. La grabación de referencia original tenía algo místico y atrapante, una vibración que valía la pena preservar y así lo entendió el resto de los músicos: la percusión del productor Jimmy Miller suena como un trueno distante. Tanto Mick Taylor como Bill Plummer tocan líneas de bajo muy graves y profundas y la voz de Jagger está al borde del scat, cantando, gruñendo, balbuceando frases sobre Jesús. El impactante coro que apoya la voz de Mick fue agregado más tarde.
            Para el tema “Let it loose”, grabado en los Sunset Sound Studios de Hollywood, los Stones armaron otro coro impresionante, integrado por el gran músico de New Orleans, Dr. John, las cantantes Tammi Lynn y Shirley Goodman, y otros tres vocalistas. La sesión duró toda la noche y estas armonías vocales, características de un tema gospel, se unieron a la quejumbrosa voz de Jagger y a una verdadera pared de bronces para darle un marco imponente a la canción, cuyas pistas básicas se habían registrado en los estudios Olympic, de Londres.
            Una curiosa elección para disco simple fue “All down the line”. Aunque su mezcla de rock and roll y soul tiene esa atmósfera fiestera que uno asocia intuitivamente con los Stones, se dice que fue elegido por ser uno de los primeros temas en ser completados, y que Atlantic, la poderosa multinacional encargada de la distribución de Rolling Stones Records, los presionaba para editar un single. “All down the line” tiene una doble línea de guitarras donde se destacan los acordes cargados de Richards y unos breves flashes de Taylor, en tanto que los elegantes bronces de Bobby Keys y Jim Price se fusionan con la voz de Jagger.
            “Stop breaking down” era otra de las canciones que venían de las sesiones londinenses en los estudios Olympic, y su atractivo principal era el trabajo de guitarra slide de Mick Taylor y la actuación de Ian Stewart en teclados, quien aporta el sentimiento de boogie-woogie que el tema requería. “Stop breaking down” es un famoso blues, grabado originalmente por esa leyenda del Delta que fue Robert Johnson. A través de las décadas lo han recreado muchos músicos, entre ellos Eric Clapton, Peter Green, la North Mississippi All-Stars y los White Stripes.
            La música de los Stones siempre ha reflejado la fascinación de la banda por las raíces afroamericanas presente en el gospel, el blues, el rock and roll y otros géneros derivados. El arte de la banda fue tomar todos esos elementos y poder desarrollar con ellos un sonido propio. El tema “Shine a light” también tiene un profundo sentimiento de gospel y una espiritualidad que surge espontáneamente del coro de voces que le da forma. Otro elemento crucial es el órgano de Billy Preston, que le dio a la sesión el “feeling” preciso que se necesitaba.
            Los momentos finales de Exile giran en torno a un filoso y contínuo riff de guitarra de Richards, que forma el esqueleto del tema “Soul survivor” junto a la firme batería de Watts –mezclada bien al frente- y a la maleable voz de Jagger que canta una letra oscura, de fuerte contenido espiritual.

Exile 2010

            A pesar de las opiniones divididas de la crítica, Exile On Main Street llegó al primer puesto en varios países. En Estados Unidos alcanzó la cima del ranking el 17 de junio de 1972 y se quedó allí durante cuatro semanas. Fue Álbum de Oro el 30 de mayo de 1972 y de Disco de Platino el 31 de mayo de 2000. Para ese entonces, ya estaba editado en formato digital; los dieciocho temas del álbum doble de vinilo original pudieron acomodarse en un solo CD.
            La edición especial que Universal está lanzando en estos días viene remasterizada y trae un puñado de bonus tracks grabadas en la época en que se realizó el álbum: “Pass the wine (Sofia Loren)”, “I’m not signifying”, “Dancing in the light”, “So divine (Aladdin story)”, “Following the river”, “Plundered my soul”, “Good time women” y “Title 5”, a los que se agregan versiones alternativas de “Loving cup” y “Soul survivor”.
            Complementando la reedición de Exile On Main Street, el director Stephen Kijak –el mismo de Scott Walker:30th Century Man- tiene listo un documental titulado “Stones in Exile”, que será difundido por la BBC en Inglaterra y por la televisión abierta de Estados Unidos, con raras imágenes de archivo, fotos y entrevistas a los músicos y colaboradores que tomaron parte en el ya legendario álbum de los Stones.
            Exile On Main Street retorna en tres versiones: la mencionada edición de lujo en CD, con el álbum más los bonus tracks; una versión común, cuyo CD contiene tan solo los 18 temas originales, y una “súper lujo” con el CD y los extras, más el disco de vinilo, un DVD con un documental de 30 minutos que tiene imágenes de época, extractadas de los films Cocksucker Blues, Ladies and Gentlemen…the Rolling Stones y Stones in Exile, y –por último- un libro de 50 páginas con abundantes fotografías.     

En Recuadro

Los “nuevos” temas de Exile

            Refiriéndose al material “recuperado” de las sesiones de Exile On Main Street, Keith Richards declaró hace poco: “Estos temas los encontramos revisando los archivos. Los escuchamos y nos pareció un interesante aporte a la reedición de Exile. No había mucho que agregarle a estas canciones y por eso no quise entrometerme con lo que ya habíamos grabado. Quizás había algunas partes a las que les faltaba un poco de cuerpo, y entonces metí alguna que otra guitarra acústica, o Mick quiso arreglar algunas voces, pero en lo demás la idea fue dejarlas casi como estaban.”
            Mick Jagger también tuvo algo que decir acerca del material inédito: “Estas canciones son bien en el estilo de los Rolling Stones de hoy y de siempre. Las escuchamos y dijimos: ‘bueno, aquí se necesita una voz, allá se necesita un coro…’ y lo hicimos. Algunas estaban bastante terminadas, otras no tanto. Y las tratamos como si fuesen temas nuevos, para ser honesto. Siempre resulta un poquito extraño el revisar cosas de antaño, pero una vez que te acostumbraste a escuchar estos temas, ya no importa demasiado si se hicieron hace cuarenta años o la semana pasada…”
. 

viernes, 17 de febrero de 2012

SANGRE EN LAS HUELLAS Y UN BOB DYLAN INDISPENSABLE.


Quiero referirme hoy a un disco trascendental en la carrera del gran Bob Dylan. Editado en 1974, Blood on the Tracks fue un álbum que hizo descubrir sus virtudes de trovador contemporáneo a toda una nueva generación, a la vez que restableció sus credenciales como gran artista de nuestro tiempo ante sus fans de la primera hora, esos mismos que lo habían seguido en los años ’60 a través de otros álbumes de primera línea como The Freewheelin’ Bob Dylan, The Times They Are A-changin’, Bringing It All Back Home, Highway 61 Revisited y Blonde on Blonde y John Wesley Harding, por citar sus logros más destacados. En épocas de turbulencias generacionales y desasosiego político, Dylan había sido ensalzado como “portavoz de su generación” pero, más allá de haber puesto el dedo en la llaga de males contemporáneos, como las guerras o las desigualdades sociales, Dylan no deseaba ser bandera de nadie, persona o movimiento, y lo había hecho saber en incontables conferencias de prensa. En la última parte de los ’60 –y después de un sonado accidente motociclístico- había mantenido un bajo perfil y se había dedicado a criar una familia con su esposa de entonces, Sara, en su hogar campestre de Woodstock. Los álbumes editados en esos años, Nashville Skyline ,Self-Potrait y New Morning parecían un intento ex profeso del artista de dejar atrás su imagen pública de artista comprometido con cuestiones sociales y políticas para dedicarse simplemente a explorar las posibilidades del rico bagaje de música country, folk y blues de su país, tanto en temas propios como en versiones de canciones ajenas.
            No obstante, en 1973, algo volvió a cambiar en la vida de Bob Dylan. De buenas a primeras volvió a aliarse con The Band, el grupo de músicos que lo acompañara en las controvertidas giras eléctricas de mediados de los ’60, ahora una banda con éxito propio, para una gira por Estados Unidos que tuvo un éxito colosal. Venían de grabar un álbum en estudio, Planet Waves, y la tournée produciría, además, un doble en vivo llamado Before the Flood.  Definitivamente, el Dylan quemante, el intérprete fogoso y pasional, estaba de vuelta y la confirmación definitiva fue su siguiente álbum de estudio, Blood on the Tracks.
            Aunque en la portada no se le otorgaba crédito, se sabe que participó en las sesiones el veterano productor John Hammond y que el ingeniero de grabación fue el experimentado Phil Ramone, quien ya había trabajado en el citado disco en vivo de Dylan y The Band, Before The Flood. En aquellos días, Ramone declaró: "fueron unas sesiones muy tranquilas y sin ninguna pompa. No sé cómo alguien podría reclamar el crédito de productor trabajando con Dylan. La mejor estrategia con él fue dejar correr las cintas y asegurarte que nunca se apagase el grabador. Las notas parecían brotar de Dylan; iba de una canción a otra como si estuviese haciendo un medley de temas. Después de la primera noche, Hammond y yo nos sentamos a tratar de discernir dónde estaba el álbum entre tanto material grabado."
            Blood On The Tracks fue registrado en cuatro días, en los estudios A & R de Nueva York.  Ese lugar de la calle 54 había sido donde Bob grabó sus primeros seis álbumes, donde se sentía más cómodo y a gusto. A pesar de haber regresado al terreno familiar de su vieja compañía grabadora, Dylan no las tenía todas consigo en esos días, ya que venía de separarse recién de Sara, su esposa de varios años. Aunque Bob haya negado que los temas del disco fuesen autobiográficos, muchos opinaban lo contrario, entre ellos el propio Ramone, quien afirma que "You're a big girl now" (Eres una chica grande ahora) estaba inspirado en la ex-esposa de Bob. La letra tal vez le dé la razón: "El tiempo es como un avión a reacción / se mueve demasiado rápído / oh, pero qué lástima / si todo lo que hemos compartido no puede durar / puedo cambiar, lo juro /oh, a ver qué puedes hacer / yo puedo lograrlo / tú tambien."
            Dylan, críptico como siempre, sugirió, sin embargo, que los temas del disco, incluyendo el que le da comienzo al álbum, "Tangled up in blue", fueron influenciados por su interés en la pintura.
Cualquiera haya sido la fuente de inspiración, el hecho es que Dylan estaba "lleno de canciones en su interior" según palabras de sus allegados. Lo acompañaron en Blood On The Tracks el bajista Tony Brown, el organista Paul Griffin, un virtuoso del banjo llamado Eric Weissberg y Buddy Cage, especialista en guitarra de acero. Phil Ramone dijo que estos eran músicos de estirpe, capaces de adaptarse a cualquier cambio en la dirección del viento, dicho esto en alusión a las libertades absolutas Bob solía tomarse en el estudio. "Dylan no te dice qué acordes va a tocar. Es capaz de cambiar de opinión de repente acerca de la longitud de un pasaje instrumental o eliminar una estrofa o agregar un estribillo cuando menos te lo esperás."
            A pesar de las palabras de Ramone acerca de lo placentero de las sesiones, Dylan no quedó conforme con la primera versión de Blood on the Tracks grabadas en setiembre de 1974 y decidió registrar varios temas nuevamente en Minneapolis, en diciembre de ese año Así y todo, según Ramone, el 75% del álbum pertenece a las sesiones de Nueva York.
            Entre sus varias perlas, Blood On the Tracks contenía una ácida diatriba sobre una chica que debía articular varias pavadas por minuto, a juzgar por la venenosa prosa de Dylan, que le dice, así como así: "Viento idiota / soplando cada vez que abres la boca / soplando por los caminos secundarios que van al sur / viento idiota / soplando cada vez que movés los dientes / sos una idiota, nena / es admirable que aún sepas respirar."
            Otra perla filosófica del disco era "Simple twist of fate" (Un simple giro del destino), cuyos protagonistas son dos amantes casuales, quienes, después de una noche de calor en un motel de la carretera, se separan tan accidentalmente como se encontraron.
            Como ocurrió con tantos álbumes clásicos en la carrera de Bob, este larga duración no dio ningún simple exitoso. El que más se acercó fue "Tangled up in blue", que trepó hasta el puesto 33 del chart americano.
            Blood on the Tracks significó un renacimiento creativo para Dylan. El nivel de intensidad y la calidad compositiva de sus canciones anticipó nuevos clásicos



jueves, 16 de febrero de 2012

ROCKERO... ¡AGARRÁ LOS LIBROS!


 Esta nota salió originariamente en revista La Mano, bastante editada. Esta es la versión original. De todas maneras, los ejemplos que siguen son solo algunas de las muchas instancias en que el rock y la literatura han cruzado sus caminos.

En épocas pasadas, el rock y los libros parecían llevarse como el agua y el aceite. O por lo menos eso creíamos, si nos basábamos en la típica escaramuza hogareña que ponía de manifiesto la brecha generacional, cuando un padre o una madre –en forma categórica- instaban a su retoño a dejar tranquilo por un rato la guitarrita o el tocadiscos y a sumergirse en el mundo de los textos escolares.
            Sin embargo, cuando analizamos la cuestión más detenidamente, vemos que el rock, casi desde sus albores, abundó en referencias literarias. Veamos unos pocos ejemplos.
Si nos metemos en el campo de los clásicos, la sola mención a los textos bíblicos dentro del rock bastaría para llenar varias páginas, desde el “Adam and Eve” que interpretaba Paul Anka hasta la mismísima obra conceptual La Biblia de nuestros Vox Dei, pasando por decenas de alusiones al “Libro de los Libros” que podemos encontrar en la discografía de Bob Dylan.
            El nombre de The Doors provenía de dos fuentes distintas, del libro The doors of perception, de Aldoux Huxley y de William Blake, a quien se atribuye la frase: “si las puertas de la percepción fueran abiertas, el hombre percibiría todas las cosas tal como son, infinitas.” Jim Morrison, un gran amante de los libros, se inspiró sin ir más lejos en el francés Louis-Ferdinand Céline para su tema “End of the night”.
            “Tomorrow never knows”, de los Beatles, está basado en el libro The psychedelic experience, de Timothy Leary y Richard Alpert, dos gurúes de la contracultura y apólogos del uso místico del LSD, que a su vez fueron influenciados por el Bardo Thodol, también conocido como El libro tibetano de los muertos, escrito por Padma Sambhava, fundador del Lamaísmo. El tema de la expansión de la mente por vías químicas también está presente en el hit de Jefferson Airplane “White rabbit”, basado en Alicia en el país de las maravillas y Alicia a través del espejo, de Lewis Carroll. Charly García también usó las imágenes de Lewis Carroll para comentar la realidad argentina en tiempos del proceso militar, como ya lo había hecho en su adaptación de El fantasma de Canteville, de Oscar Wilde. Otro pionero de nuestro rock, Luis Alberto Spinetta, bautizó su álbum Artaud con el nombre del escritor de Van Gogh: el suicidado por la sociedad, y en varias de sus canciones posteriores hay influencias de Carlos Castañeda y Las enseñanzas de Don Juan.
Otra alusión a Lewis Carroll podemos encontrarla –una vez más- en el personaje de la morsa que los Beatles pintan en “I am the walrus”. Por otra parte, el estribillo de ese tema, “…goo goo goo joob…” surge del personaje de Humpty Dumpty en el libro Finnegans Wake, de James Joyce, que está lleno de juegos de palabras y acertijos, que fascinaban a John Lennon. Otro que homenajeó al autor del Ulysses fue Syd Barrett, quien musicalizó el poema “Golden hair”, del libro Chamber music, en su álbum The Madcap Laughs.
            Siguiendo con la literatura infantil, Pink Floyd tomó el título de su primer álbum, The Piper at the Gates of Dawn, del libro The wind in the willows, de Kenneth Grahame, mientras que Iron Man, de Pete Townshend, está basado en un cuento del poeta inglés Ted Hughes.
            Las obras de misterio y horror han inspirado a varios rockeros. El Allan Parsons Project debutó en el disco con un homenaje a Edgar Allan Poe y sus Tales of mystery and imagination, mientras que el fundador de Van der Graaf Generator, Peter Hammill, grabó no una, sino dos veces, una obra conceptual dedicada al cuento “La caída de la casa Usher”.  Y hablando de Allan Parsons, su I Robot está inspirado por el libro homónimo de ciencia-ficción de Isaac Asimov.
            Cuando Rick Wakeman soltó las amarras de Yes a mediados de los ’70, uno de sus álbumes solistas estuvo basado en Viaje al centro de la tierra, de Julio Verne, y poco tiempo después, el rubio tecladista, con la ayuda de Andrew Lloyd Weber, llevó al disco una adaptación de 1984, de George Orwell, que –dicho sea de paso- parece haber ejercido una enorme influencia dentro del rock, ya que también hay álbumes del exGenesis Anthony Phillips y del exSoft Machine Hugh Hopper basados en el mismo texto. Y ya que hablamos de escritores futuristas con un dejo apocalíptico, tanto “Atrocity exhibition”, de Joy Division, como “Motorcade”, de Magazine, tienen como origen sendos escritos del autor de El imperio del sol, J. G. Ballard, mientras que el existencialismo nihilista de Albert Camus y su L’étranger se hicieron presentes en el hit de The Cure “Killing an Arab”.
 Por su parte, el título del cuarto álbum de The Police, Ghost in the machine, proviene de un libro de Arthur Koestler que habla del impacto espiritual del progreso tecnológico, mientras que la degradación del discurso público y los medios de comunicación era el tema central de Amusing ourselves to death del profesor y analista social Neil Postman, de quien Roger Waters tomó el título de su tercer álbum solista, Amused to Death.
            Conclusión: para el rock, los libros no muerden.
                                                                                  

miércoles, 15 de febrero de 2012

EFTERKLANG Y SU NUEVA VANGUARDIA


Esta nota salió originariamente en revista La Mano, en 2010.

            Rock de cámara, neo-progresivo, avant-garde, experimental… El grupo danés Efterklang desafía todas las etiquetas. Si le cabe alguna definición es la de hacer una música original y novedosa. Alfredo Rosso los vio embelesado  en el festival de Roskilde y se anotó para la entrevista con dos de sus fundadores.

            La palabra “Efterklang” quiere decir rememorar o reverberar. Y tiene sentido, porque la banda danesa recuerda la mejor tradición del Rock in Opposition -esa multiplicidad de estilos que le dio vigor al rock europeo en los ’70- y a la vez reverberan con una música que es absolutamente actual y original. Los vi por segunda vez en el festival de Roskilde 2010 y confirmé la impresión que había tenido en ese mismo evento un lustro atrás: una música rica, multiforme, engalanada por melodías que escapan a las convenciones, coros suntuosos y arreglos donde los instrumentos eléctricos, los bronces, la electrónica y las cuerdas se integran en un todo armonioso y a la vez dejan entrever un sutil elemento de disonancia; Efterklang conoce la simbología barroca pero también se deja una mecha punk en su cabellera para sazonar su sonido con un elemento de sorpresa.
            Dos días después del ovacionado concierto de Efterklang en la carpa Odeon de Roskilde, me encontré en un mediodía de fogoso sol escandinavo, conversando con Rasmus Stolberg y Caspar Clausen, dos de los miembros fundamentales de esta banda (los otros son Mads Brauer y Thomas Husmer), que le ha dado un nuevo impulso al rock vanguardista en Dinamarca.
            Rasmus me dice que Efterklang nació en diciembre de 2000 pero que durante los dos o tres primeros años de vida no tocaron demasiado en público sino que se la pasaron ensayando y escribiendo canciones. “Entonces éramos un grupo de rock, pero tratábamos de encontrar un estilo propio. En aquel momento había una escena electrónica muy fuerte en Dinamarca, y también era muy fuerte la influencia de la movida electrónica alemana, de grupos como Oval y Mouse on Mars entre otros. Esos elementos modelaron nuestro sonido al principio. A la vez, nos dimos cuenta que no había en Dinamarca discográficas que estuvieran dispuestos a editarnos, y comenzamos a enviar nuestra música a compañías extranjeras.”
            La necesidad es la madre del invento, y Efterklang comenzó a organizar sus propios recitales, bajo el paraguas de un logo que llevaba las letras RART. Rasmus: “quiere decir ‘lindo’ en danés, pero también era la abreviatura de ‘arte raro’. En la práctica era una red de artistas formada por nuestros amigos. Hacíamos fiestas con pintores que decoraban los cuartos, DJs que pasaban música, un grupo de teatro, un ensamble de cuerdas y un coro, The Greenlander Choir, que cantaba.” El impetuoso espíritu creativo de Efterklang seguía topándose con la indiferencia de grabadoras y productoras, de modo que decidieron editar por su cuenta el EP Springer. Hicieron 500 copias y se las vendieron a los amigos y al público que acudía a sus shows. Rasmus: Springer fue realmente un accidente, porque simplemente queríamos grabar algunas canciones para escuchar cómo sonábamos al tocar en vivo. Así que está grabado en forma muy elemental, pero de alguna manera salió muy bien; el sonido es muy bueno. Por eso decidimos editarlo. Nos pareció un poco tonto que no figurase un sello discográfico en la etiqueta, así que le pusimos ‘Rumraket’, que quiere decir ‘cohete espacial’.”  A partir de allí la cosa adquirió vida propia: Efterklang capturó la atención de la grabadora inglesa The Leaf Label, que se ofreció a distribuir Rumraket, y pronto les llegaron ofertas de varios países. De buenas a primeras, el mundo quería saber más de Efterklang.  Caspar: “Así nos dimos cuenta que -además de editar nuestros discos- Rumraket podía ser un vehículo para contratar otras bandas y editar buena música.”
            En octubre de 2004, Efterklang editó su primer álbum, Tripper. Rasmus afirma que mucha gente lo considera un disco electrónico, a pesar de estar lleno de arreglos de cuerdas y otras instrumentaciones. “Como nunca habíamos hecho un álbum antes, experimentamos con todo lo que encontrábamos a nuestro paso. Nos pusimos de acuerdo en no descartar ninguna idea, en intentarlo todo antes de decidir qué funcionaba y qué no. Por eso hay muchas cosas delirantes en el disco.” Una de ellas es un coro de Groenlandia, de treinta integrantes. Rasmus los vio cantando en Copenhague y volvió al estudio entusiasmadísimo. Caspar: “Si tuviera que elegir una canción que sintetiza el espíritu de Tripper, sería el tema “Prey and predator”, porque tiene el coro, tiene ese sonido glitzy que caracteriza al disco y un montón de efectos sonoros que conseguimos haciendo “scratching” con varios CDs.”
            Caspar dice que Parades, el segundo álbum, editado en octubre de 2007, fue la verdadera prueba de fuego. “Allí hicimos todas las cosas que no podíamos concretar en Tripper porque aún no éramos suficientemente hábiles. En Parades nos propusimos conectar esos dos mundos, el de los instrumentos acústicos, analógicos, clásicos, y el mundo digital. Pero también queríamos introducir un tercer elemento, de modo que –como oyente- no supieses muy bien qué era qué. La gente nos dice que este segundo disco es menos electrónico que el anterior, pero es porque lo disimulamos mejor. Parades es, en mi opinión, el climax del período que comenzó con nuestro primer disco, el EP Springer, una época en la que experimentamos combinando muchas capas de sonido. ¡Nos volvimos muy buenos en lidiar con doscientas pistas de sonido diferentes!”
            Sorprendentemente, en el medio de la grabación de Parades, Efterklang encaró un proyecto nuevo, el EP Under Giant Trees.  Rasmus: “Lo hicimos porque estábamos “empantanados” en la realización del álbum y en lugar de tomarnos un recreo, decidimos completar otro disco. Under Giant Trees se hizo rápidamente: grabamos las pistas básicas al regresar de una gira, las dejamos por un tiempo pero las volvimos a buscar y las terminamos. Estuvo listo en tres meses, nos brindó la satisfacción de haber hecho algo nuevo y nos dio nuevas energías para concluir el álbum. Parades.
            Parades  tuvo eco fronteras afuera y Efterklang fue puesto en la mira del prestigioso sello 4AD, que editó el tercer disco, Magic Chairs, en Inglaterra, en febrero de este año. Esta vez en el sillón de productor estaba Gareth Jones, quien trabajó con Depeche Mode, Einstürzende Neubauten, Wire y Erasure, entre otros artistas.
            Rasmus: “Magic Chairs empezó a tomar forma en septiembre de 2008, cuando tocamos  Parades  en su totalidad en el Concert Hall de Copenhague, acompañados por la Danish National Chamber Orchestra.” (Nota: el recital se editó hace poco en forma de CD + DVD con el nombre Performing Parades.) “Allí nos dimos cuenta que esa etapa musical de la banda había llegado ya a su máxima expresión y empezamos a pensar cómo sonaría Efterklang en un contexto más simple. Construir, por ejemplo, una única línea melódica, focalizarte en ella y hacer el arreglo correspondiente, en lugar de tener, no sé, veinte líneas melódicas dentro de una misma composición. También decidimos grabar el nuevo álbum como si fuésemos una banda en vivo, pero en el estudio. Las giras de Parades nos habían dado una nueva confianza y empezamos a ensayar el nuevo material tocándolo en el escenario.” Caspar: “Además, queríamos grabar rápido esta vez. Con Parades nos pasamos un año y medio sentados en el estudio, mirando la pantalla de una computadora, construyendo ese monstruo día tras día. Y lo que pasa en esos casos es que te cegás un poco; aparecen detalles que se te antojan más importantes de lo que son y a veces perdés la perspectiva general. Con Magic Chairs nos forzamos a tomar decisiones mucho más veloces. Tocar en vivo en el estudio ayuda, porque obtenés una reacción inmediata; te das cuenta enseguida si algo funciona. En Tripper y en Parades el oyente percibía la sensación del coro como un todo, mientras que en Magic Chairs encontramos la manera de hacer que se escuchen todos los detalles de instrumentos y voces.”
            Les pregunto cuál fue la diferencia de trabajar con un productor ajeno al grupo. Rasmus: “no fue tan distinto porque nos produjimos nosotros como siempre. Lo que hizo Gareth Jones, básicamente, fue mezclar el disco. Le pregunto a Caspar por un título que me llama la atención: “Moden drift”, que vendría a ser algo así como “el giro moderno”. Caspar: “No tiene un significado específico; simplemente me gustó la combinación de palabras. Cuando escribo letras, generalmente surgen de cosas sin sentido, pero ese “sin sentido” actúa como un personaje y se convierte en palabras. Y cuando me siento a pensar en las letras, las palabras tienen que encajar dentro de la estructura y “Modern drift” es simplemente una linda combinación de palabras que te da que pensar un poco…” Otro tema que me gustó a primera audición fue “The soft beating” (“el suave golpear”) al que Caspar cita como “nuestro tema ‘más U2’. Fue uno de los primeros que Efterklang compuso para este disco.”
            Las bandas que tienen un enfoque experimental suelen tener empatía hacia determinados colegas. ¿Hay alguna banda por la que Efterklang tenga un afecto especial? Rasmus: “Aunque no tenemos una conexión personal con ellos, quiero destacar a Einstürzende Neubauten, porque han sido desde siempre una inspiración para nosotros. Ellos renuevan constantemente su forma de expresión y su sonido, y también sus métodos de trabajo; han sido innovadores en muchas áreas. No son sencillos de escuchar, pero merecen la pena. Y actualmente hay unos daneses, The Late Great Fizcarraldos, que son muy buenos y otro grupo más nuevo aún, al que creo que le va a ir muy bien: Pinku Noizu. Tengo grandes esperanzas para ambas bandas.”
            ¿Planes futuros? Caspar: “Estamos muy ocupados presentando Magic Chairs. Venimos de tocar en Norteamérica y de una gira grande por Europa. Tocamos en los festivales del verano europeo y luego en Septiembre volvemos a Norteamérica y tal vez a México por primera vez, así que, poco a  poco, ¡nos vamos acercando a la Argentina!”


El sello Rumraket

            Aprovechamos la ocasión de la entrevista con Efterklang para que Rasmus Stolberg nos contara algo más sobre el sello de la banda, Rumraket, y algunos de sus artistas.
            “El primer grupo que contratamos fueron los estadounidenses Grizzly Bear. Ellos querían que remixáramos un tema suyo. Y al escuchar su música decidimos que serían ideales para iniciar el sello. Inauguramos Rumraket con su álbum debut, Horn of Plenty.
            Slaraffenland son también de Dinamarca. Y como prueba de que los miembros de los grupos de Rumraket están estrechamente ligados con nosotros, el tipo que toca el trombón en Efterklang, Niklas Antonson, es uno de los principales compositores de Slaraffenland. Así que conocimos su música, nos encantó y dijimos: ‘¿por qué no los editamos?’ Ya tienen dos álbumes en el sello: Private Cinema (2007) y Slaraffenland (2009).
            La cosa con Taxi Taxi! Fue un poquito diferente. Son dos hermanas gemelas suecas y las escuchamos por primera vez cuando tenían dieciséis años. Esto fue en los días de mayor esplendor de MySpace. Ellas habían subido dos canciones a su sitio que nos parecieron muy buenas, así que les escribimos un mensaje diciéndoles que queríamos editarles un disco. Su más reciente álbum se llama Still Standing At Your Back Door.
            Las integrantes de Amiina son también amigas. Cuando hicimos el álbum Tripper estábamos buscando violinistas en Copenhague, tanto para tocar en vivo como para grabar. Y entre la gente que nos contactó estaban Hildur y Edda quienes, a pesar de ser islandesas, estaban viviendo en Copenhague en ese momento, tomándose unas vacaciones de sus labores como músicos de Sigur Rós. Tocaron con nosotros durante más de un año y luego se volvieron a Islandia pero la conexión se mantuvo y así fue que, cuando continuaron sus actividades con el cuarteto Amiina, les editamos el EP Seoul. Como ven, para nosotros Rumraket es una cosa de amigos. Es como una ramificación de la gran familia de Efterklang…”
            P.D. para completistas: una vez inmersos en la música de Rumraket, pueden chequear también los sonidos de otros artistas que graban para el sello, como Kama Aina, Canon Blue, Erik Levander y Cacoy.