miércoles, 22 de febrero de 2012

PAPPO, EL SEÑOR BLUES

Pappo, circa 1971
“Danos un credo para creer”, rogaba en un poema Jim Morrison. Y el credo de Pappo fue el blues. A través de la diversidad de estilos que interpretó en su prolongada carrera, el blues fue siempre la constante. Pero hablar de blues en la historia de Pappo no es hablar de un estilo musical concreto, sino de algo mucho más amplio, de una forma de ver la vida.  Porque el blues estuvo siempre en el centro de su razón de ser y el vehículo con el que lo expresó fue su guitarra.
            Bautizado Norberto Aníbal Napolitano, el 10 de marzo de 1950, la historia profesional de Pappo comienza en Plaza Francia, en aquel año emblemático de 1967, en el momento mismo en que Miguel Abuelo y Pipo Lernoud buscaban músicos para integrar la primera formación de Los Abuelos de la Nada. Fue entonces cuando otro habitué de las reuniones de la plaza, el baterista Héctor “Pomo” Lorenzo, les presentó a su amigo Norberto “Pappo” Napolitano, que apenas tenía diecisiete años. Hasta allí, el único antecedente musical del futuro “Carpo” había sido una banda familiar bautizada Los Buitres, pero quienes lo conocieron en esos días aseguran que ya estaba familiarizado con los sonidos de Eric Clapton y Jimi Hendrix, algo nada sencillo en una época de escasas ediciones discográficas, en la que uno era capaz de trasladarse de un extremo a otro de la ciudad sólo para escuchar un preciado álbum importado de cualquiera de esos virtuosos, celosamente guardado en la discoteca de algún amigo.

Un joven abuelo en la estación

            Pappo faltó al estudio para la grabación del simple debut de Los Abuelos, “Diana divaga” y “Tema en flu sobre el planeta”, de 1968, (en su lugar tocó Claudio Gabis), pero sí estuvo para poner su guitarra en los temas que estaban programados como segundo simple, “Estoy aquí parado, sentado y acostado” y “Lloverá”, y que permanecieron inéditos durante muchos años. De este último sólo llegó a grabarse la base instrumental pero, así y todo, quedó como un fuerte testimonio del estilo vibrante, levemente psicodélico, que Pappo le imprimió a esas primeras sesiones de estudio.
            Cuenta la leyenda que hubo una polémica acerca de la dirección musical futura e la banda, ya que aparentemente Pappo –fiel a su historia- deseaba imprimirle a los Abuelos un rumbo netamente blusero, mientras que Miguel Abuelo se negaba a ceñirse a un estilo o género fijo en su búsqueda musical. Así las cosas, Miguel partió hacia su efímera carrera solista con Mandioca, dejándole el control de la banda a Pappo quien, coherente con su afán, llevó a los Abuelos a grabar un furibundo blues llamado “La estación”, que terminó saliendo algunos meses después en una legendaria recopilación llamada Mandioca Underground, ¡oh paradoja!, en el mismo sello de Jorge Alvarez y Pedro Pujó.  Además de contener un solo de guitarra que ya lleva su sello característico, “La estación” marcó, además, la primera aparición grabada de la voz de Pappo.
            El verano de 1968-1969 encuentra a Pappo participando en las zapadas que se realizaban en el local que Mandioca había establecido en esa ciudad, siempre de la mano del dúo Alvarez-Pujó. Los Abuelos estaban prácticamente disueltos a esa altura, de modo que Pappo se unió brevemente a Manal durante varios shows. Pero Manal estaba destinado a ser un trío: al regresar a Buenos Aires, Pappo toca algún tiempo con Engranaje  junto a Bocón Frascino y Drupy Gianello (futuros integrantes de Pescado Rabioso y Arco Iris, respectivamente), y se integra por un breve período a Conexión Nº 5, el grupo del cantante Carlos Bisso, que se especializaba en realizar covers de éxitos del mercado pop anglo. También graba el tema “Nunca lo sabrán” para el LP de artistas varios Pidamos Peras A Mandioca. 
 Pappo, con los Abuelos de la Nada, en el centro con bigote y las manos en el pecho. Arriba a la derecha está Pomo y en el extremo derecha, con barba, Miguel Abuelo. Año 1968.

En ese momento se produce una variante en uno de los grupos pioneros de nuestro rock: el guitarrista Kay Galifi deja a Los Gatos para radicarse en Brasil. Pappo es convocado para cubrir esa vacante y su llegada coincide con un cambio en la música de la banda, cuyo estilo pop adquiere un mayor condimento de rock y blues, como puede apreciarse en los dos álbumes a los que Pappo suma su guitarra, Beat Nº 1, de 1969 y Rock de la Mujer Perdida, de 1970.  En vivo Los Gatos eran también una presencia imponente, como demostraron en el histórico concierto de junio de 1970 en el Luna Park, donde la banda ahora integrada por Litto Nebbia, Ciro Fogliatta, Alfredo Toth, Oscar Moro y Pappo cerró una noche espectacular que también contó con la presencia de Los Mentales, Engranaje, Facundo Cabral, Vox Dei, Almendra y Manal.
            En noviembre de ese mismo año, desvinculado ya de Los Gatos, Pappo se presentó en el primer festival B.A.Rock, en el Velódromo Municipal, y mostró una vez más su admiración por Jimi Hendrix sumando a su repertorio un furibundo cover del tema “Can you see me”.
            Pero Pappo deseaba subir la apuesta. Quería tener su propio trío de blues y estaba esperando el momento justo para dar el primer paso. No era el único que sentía eso: en el comentario de contratapa del que seria su primer álbum propio, Jorge Alvarez rememoraba “las veces que Pedro (Pujó) y yo masticábamos trampas o le tirábamos señuelos para que Pappo abandonara toda otra cosa que no fuera su música y se zambullera en su propio delirio…”
            El día finalmente llegó. Fue en 1971 y el catalizador fue otro sello independiente –Music Hall- que también le estaba abriendo sus puertas al rock nacional. En la compañía de la calle Uriburu 40 quedó registrado el álbum debut de Pappo`s Blues, es decir, el propio Pappo en guitarras y voz, David Lebón (por entonces conocido como “Davies”) en bajo y Black Amaya en batería.  Pappo`s Blues fue toda una revelación, desde “Algo ha cambiado”, esa muestra de cambio y renovación espiritual que lo inicia, con sus solos filosos y su creativo uso del wah wah, hasta la densa psicodelia claustrofóbica de “Especies”. Desde el vamos Pappo se revelaba como un guitarrista rico en matices y recursos, poseedor de un ataque devastador, ideal para la dinámica de power trío. Como en el caso de su ídolo Hendrix, sin embargo, sus habilidades como instrumentista corren el riesgo de dejar en segundo plano sus otras virtudes. Por ejemplo, su rol de cantante. Pappo tenía un rango vocal limitado pero expresivo, como demuestra el tono irónico-existencialista con el que alude al paso del tiempo en “El viejo” o la queja irreprimible que sobrevuela “Adónde está la libertad”, una pregunta muy pertinente en épocas de gobiernos militares, censura omnipresente y otras calamidades por el estilo. También hay que destacar su labor como autor de letras directas y efectivas como la de “El hombre suburbano”, un certero cuadro de alienación citadina que suena tan actual hoy como hace treinta y seis años.
            Tapa de Los Gatos con Pappo. Revista Cronopios #4. El Carpo, con bigote y anteojos.
Saliendo al mundo

            El año 1971 es de recambio para nuestro rock. Disueltos sus grupos pioneros, Los Gatos, Almendra y Manal, sus miembros se disparan en nuevas aventuras musicales. La Pesada del Rock and Roll, comandada por el músico, productor y empresario Billy Bond se transforma en una especie de “seleccionado nacional del rock”, reuniendo a ex integrantes de Manal y la Cofradía de la Flor Solar, y gozando –además- de la colaboración de otras luminarias en carácter de autores y/o músicos, como David Lebón, Luis Alberto Spinetta y el propio Pappo, quien en el primer disco de La Pesada aportó un contundente pasaje de guitarra al clásico de Javier Martínez “Salgan al sol”, sumó su guitarra al tema de Spinetta “El parque” y participó en la creación de tema “Divertido, reventado”.  
            Estos primeros años ’70 marcaron también el primer éxodo de nuestros músicos a Europa. Para algunos fue un pasaje fugaz; otros -como Miguel Abuelo, Javier Martínez y más tarde Moris- se quedarían en el viejo continente unos cuantos años. Pappo viajó a Inglaterra para estudiar el territorio y ver a sus grandes ídolos musicales. Antes de partir, el Carpo se involucra en el álbum Spinettalandia y sus Amigos, el proyecto experimental del exAlmendra, donde Pappo no sólo tocó, sino que además compuso dos temas, “Castillo de piedra”y “Era de tontos”, cuya autoría le sería reconocida recién varios años más tarde por una negligencia del sello grabador.
            En pleno periplo británico, Pappo recibe noticias de Argentina que le hablan del éxito de ventas del primer LP de Pappo’s Blues. El telegrama, asimismo, le anunciaba fechas de recitales ya programadas para el futuro inmediato.
Con este alentador panorama, Pappo regresa al país y está listo para retomar su carrera al comenzar 1972. El año que se iniciaba iba ser también el de la formación de tres conjuntos armados con los fragmentos de Almendra. La ironía es que estos nacimientos significaron el final de la primera formación de Pappo’s Blues, ya que Black Amaya se unió al Pescado Rabioso de Luis Alberto Spinetta, mientras que David Lebón pasaría del bajo a la batería para integrar por un tiempo el nuevo proyecto de Edelmiro Molinari, Color Humano antes de irse, él también, con Spinetta.
            Si estos cambios afectaron a Pappo, en la práctica no se notó demasiado. Apelando al baterista de La Pesada, Luis Gambolini, más algunas sesiones postreras de Black, y utilizando los servicios de un misterioso bajista llamado Carlos Piñata, fueron tomando forma las grabaciones de Pappo’s Blues Volúmen 2. Este segundo álbum de Pappo’s Blues tenía su buena cuota de clásicos, comenzando por “El tren de las 16”. El hecho de que la letra no suene muy políticamente correcta a los oídos del siglo XXI (hombre que quiere a mujer que siempre está disponible y no hace preguntas…) no invalida que el tema se haya convertido prontamente en una canción de fogón, al igual que “Desconfío”, ese himno a la soledad que revelaba como pocas veces el costado vulnerable de Pappo, ese que ocultaba detrás de su imagen de chico malo para consumo popular y que, merecidamente, ha acumulado numerosos covers con el paso de los años. En tiempos tumultuosos, social y políticamente, como los que rodearon la salida de este disco, no venía mal un mensaje claro y directo como el de “Llegará la paz”, y para los que habían apreciado la adrenalina desatada de “Castillo de piedra” en Spinettalandia..., aquí estaba por fin la versión de su autor, en un arreglo muy similar y re-bautizada como “Tema I”. “Blues de Santa Fe”, cuadrado y arquetípico ejemplo del género, se anticipaba a “Cementerio”, un tema tan abigarrado y ominoso como lo había sido “Especies” en el disco anterior, la prueba de que la música de Pappo tenía más riqueza y variedad que el crédito que a menudo le ha dado la percepción popular.

El rock bajo fuego

            Comienza 1973 con la Argentina esperanzada ante el retorno de la democracia. Las elecciones de marzo consagran al partido justicialista, con Héctor J. Cámpora como presidente. Noventa días más tarde, sin embargo, cediendo a presiones internas, Cámpora renuncia para allanar el camino del retorno al poder al ya anciano líder, Juan Domingo Perón. Éste muere en ejercicio de la presidencia y es sucedido por su viuda, Isabel, aunque todos sabían que el verdadero poder en las sombras era ejercido por José López Rega, ex secretario privado de Perón y líder de facto de la temible organización de ultraderecha Triple A. Es una época de gran turbulencia social, con grupos armados de distintos signos políticos enfrentados en una lucha sin cuartel. En medio del país que se desangraba, el rock reafirmó su postura humanista, sosteniendo un mensaje de paz y apelando a la razón.  Pappo, por su parte, entró al estudio para grabar su tercer álbum con un nuevo trío que exhibía una envidiable base rítmica: Machi Rufino en el bajo y el viejo compañero de los Abuelos de la Nada, Pomo, en batería. El grupo tenía swing y se notaba ya desde el vamos, en esa “zapadita”, como para ir entrando en calor que inicia el álbum, “Stratocaster boogie”, condimentada con un leve tinte jazzero y rubricada con un certero solo de Pappo. Como los dos discos que lo precedieron, Pappo’s Blues Vol. 3 tiene fuste y personalidad. Sobresalen “Pájaro metálico”, con su condena de la sociedad de consumo, y esa oda al inconformismo desaliñado que se llamó “Sucio y desprolijo”. No hay que subestimar tampoco el humor del Carpo en “Trabajando en el ferrocarril” y también en “Sandwiches de miga”, que ostenta uno de los solos más especiales del álbum. Rubricando las múltiples facetas del álbum encontramos el guiño a Hendrix de “El brujo y el tiempo”, la paz urbana de “El sur de la ciudad”, interpretado por Machi, y el gran blues de rigor, “Siempre es lo mismo, nena”, un tragicómico relato de la eterna batalla entre los pundonorosos padres de “la nena” y su batalla contra “ese vago rockero” que la festeja. Un digno broche para una trilogía de álbumes casi perfecta.
 El primer Pappo's Blues: Black Amaya, Pappo, David Lebón

            Confirmando otra vez su papel de semillero de otras bandas, esta versión de Pappo’s Blues se disuelve a mediados de 1973 y Machi y Pomo pasan a integrar el nuevo proyecto de Luis Alberto Spinetta, Invisible, que debuta en noviembre de ese año en el teatro Astral. Pappo no se detiene: Pappo’s Blues Vol. 4,  será el producto de un seleccionado de músicos-amigos. David Lebón y Black Amaya –provenientes de Pescado Rabioso- y dos puntales de La Pesada: Alejandro Medina e Isa Portugheis. El propio líder de La Pesada, Billy Bond, hizo las veces de productor.
            El material de PBV4 es fiel reflejo de su época, con el hedonismo etílico de “Fiesta cervezal”, seguido por el riff sinuoso y recurrente de “Gato de la calle negra”, el cuento de un felino entrañable, solitario y vagabundo, una metáfora del típico rockero errante e idealista de esos días. “Abelardo el pollo” trae riffs contundentes y el encuentro con un personaje que no encuentra la salida a una situación de tristeza y aislamiento. “Con Elvira es otra cosa” completa el cuarteto de clásicos de este disco; un homenaje a una chica amante del sol que bien podría ser un sobrante de las sesiones del álbum previo, tomando en cuenta la presencia de la base rítmica Machi-Pomo. En Volúmen 4 hallamos pruebas, también, del amor de Pappo por el boogie “à la Canned Heat”, en temas como “Semilla de sésamo” y la extensa zapada que conforma “Sol de armónica”.

Pappo “progre”

            En 1974 las corrientes dominantes en el rock mundial pasaban por el hard-rock progresivo –con su herencia de blues- por un lado, y el género sinfónico, por el otro. El mérito del nuevo trío que funda Pappo –con Eduardo Daniel “Fanta” Beaudoux en bajo y Eduardo Garbagnati en batería- es que se las arregla para acusar recibo de los cambios registrados en el rock internacional sin sacrificar la base de su propio sonido. Hubo quienes en aquel momento destacaron el parecido entre la figura geométrica que flota en medio del cosmos en la portada de Triángulo con el prisma que adorna la tapa de Dark Side of the Moon, el monumental álbum de Pink Floyd.. Por continuar la polémica, también se podría haber citado la velada referencia al monolito de Stanley Kubrick en “2001, Odisea del Espacio”.
 El Pappo's Blues Vol. 3: Pomo Lorenzo, Pappo y Machi Rufino

            El nervio central de Triángulo es la improvisación grupal. En temas como “Nervioso visitante”, con sus dramáticas cascadas de notas, o en los intensos intercambios de “Hubo distancias en un curioso baile matinal”, tenemos ante nosotros un power trío que transforma sus excursiones instrumentales en un vehículo de máxima expresividad. Hay sorpresas, también, como la presencia de León Gieco en “El buzo”, adoptando una voz misteriosa que le da al tema un aura misteriosa, como de ciencia-ficción.
            Llega 1975 y el rock nacional cumple su primera década de vida, si aceptamos como primer jalón de nuestra música aquel lejano “La respuesta” de los Gatos Salvajes, editado en 1965. Pocos músicos podrían jactarse de haber estado allí prácticamente desde el principio y de haber participado activamente en el desarrollo de nuestro rock como el propio Pappo. La ironía es que el Carpo no estaba en la Argentina para ese hipotético hito de nuestro rock. Después de haber participado en las sesiones del debut solista de David Lebón y también de la grabación del cuarto disco de La Pesada del Rock and Roll, Pappo se había marchado, una vez más, a Inglaterra.. Crónicas de la época lo sitúan desarrollando trabajos meniales en Londres mientras buscaba insertarse en la escena musical británica. En esos días es testigo de la formación de Motörhead y se hace amigo de su líder, Lemmy Kilmister. También frecuenta a los Heavy Metal Kids y más tarde a UFO, grupos que integró el argentino Danny Peyronel, y se dice que llegó a tocar con Peter Green, leyenda de la guitarra de blues, reemplazante de Eric Clapton en los Bluesbreakers de John Mayall y fundador de Fleetwood Mac.
            Estando ausente Pappo de tierras argentinas, su grabadora, Music Hall, satisfizo la demanda de nuevos productos musicales echando mano a un puñado de cintas sobrantes de las sesiones de Triángulo, las que son editadas con el nombre de Pappo’s Blues, Vol. 6. En la era digital, este disco de escasos veinticuatro minutos calificaría más como un mini-álbum que como una larga duración, pero lo que no entrega en cantidad lo compensa con la calidad del material, en especial la intensa zapada llamada “Abordo” y la ortodoxia de la pieza que lo inicia y que hace honor a su nombre: “Slide blues”.
            Después de pasar dos años en Inglaterra, Pappo regresa a nuestro país en 1976. Aquí el horno no estaba para bollos. Una situación social y política en rápido deterioro culmina con el golpe militar del 24 de marzo, que instauraría el sangriento Proceso militar. Por entonces, el ex bajista y ocasional cantante de Manal y La Pesada, Alejandro Medina –que había tocado, además, en Pappo’s Blues, Vol. 4- convence a Pappo de irse juntos a Brasil. Una vez en San Pablo, con la participación del músico local Castello Junior en batería, arman un nuevo power trío llamado Aeroblus, de una impronta un tanto más heavy y más frenética que las asociaciones previas de Pappo. El enfoque musical de Aeroblus, más seco y directo, era quizás un anticipo de los tiempos por venir: en Nueva York y Londres se estaba incubando la revolución punk, donde grupos como los Ramones, Sex Pistols y The Clash abogaban por un retorno a la simplicidad del rock primigenio.
            De vuelta en el Río de la Plata, Pappo y sus nuevos compañeros de ruta graban el álbum Aeroblus y lo presentan en el Teatro Premier de Buenos Aires pero, a excepción de los fans incondicionales, la recepción es fría y la prensa no termina de comprender la propuesta. El Carpo decide entonces rearmar Pappo’s Blues, reteniendo a Medina como bajista e incorporando al baterista Darío Fernández. La idea era grabar el siguiente álbum en directo durante un ciclo de recitales en el hoy desaparecido Teatro Estrellas, de la calle Riobamba. Esta idea fracasó por culpa de una defectuosa grabación en vivo. Tanto los músicos como la discográfica le bajaron el pulgar a la idea y adoptaron un plan B: regrabar los temas más populares de Pappo’s Blues en el estudio. El resultado fue el álbum Pappo’s Blues, Vol. 7.  Al escucharlo, la sensación es que algo raro sucedió en la sala de grabación. La nueva versión de “El hombres suburbano”, por ejemplo, muestra una separación exagerada entre los canales, como si los músicos estuvieran aislados, justamente lo opuesto a lo que se propone cualquier mezcla ortodoxa. La versión es igualmente poderosa, con un duelo de guitarras que sugiere un Pappo sobregrabado, en contrapunto consigo mismo. Otra nueva versión para destacar es la de “El viejo”, con una gran base de Medina y un notable trabajo de Pappo en slide. Pero por donde se lo mire, es difícil apartar la idea de que algo extraño sucedió con la masterización de Pappo’s Blues Vol. 7. Hay comienzos en falso, tomas con la voz de Pappo lejos de su mejor forma y hasta versiones instrumentales de temas que tienen letra, lo que sugiere la posibilidad que se hayan prensado bases sin terminar. De todas maneras, Vol. 7 quedó como un testimonio único –aunque imperfecto- de una versión de Pappo’s Blues que estaba para cosas mayores.
           
La era del riff metalero

A fines de 1978 Pappo decidió viajar a Europa. Durante buena parte del año siguiente estuvo fuera del país; pasó un tiempo en España y también visitó Inglaterra, donde descubrió la nueva cara del hard-rock, ahora transmutado en heavy-metal, con la aparición de bandas como Judas Priest, Iron Maiden, Saxon, Def Leppard y los australianos AC/DC. En Europa profundizó su amistad con los hermanos Michel y Daniel Peyronell. Así fue gestándose la idea de heavy rock y blues que desembocó en la formación de Riff, con Michel en la batería, Boff Serafine en guitarra rítmica y otro viejo cruzado del rock nacional, Vitico Bereciartúa en bajo. Vitico y Michel también aportaban en voces, con lo cual Riff transmitía una sensación más grupal todavía que Pappo’s Blues. La banda debutó el 14 de noviembre de 1980, en un concierto que tuvo lugar en la Sala Uno de Buenos Aires bajo el lema “Chau Pappo’s Blues; hola Riff”. En aquel momento tenían un vocalista principal llamado Juan García Haymes pero esta formación de quinteto duró poco porque el clamor popular exigía que cantase Pappo.
 Portada de "Ruedas de Metal", el álbum debut de Riff

            En 1981 Riff ingresó en los estudios Take 1 para grabar su debut, Ruedas de Metal para el sello Redondel.. A primera audición se detecta una impronta más pesada y categórica en la música de Pappo. Por otra parte, el hecho de compartir las composiciones y el rol vocal con Vitico le da a la banda mayor variedad y color. Además, ya desde el principio, Riff desarrolló un sexto sentido para armar figuras rítmicas y estribillos que quedaban inmediatamente en la memoria, como el de “Mucho por hacer”, de Vitico, que se conviertió en uno de los tempranos himnos de las huestes metaleras. Este mensaje claro en lo musical se complementaba con una imagen al tono. Hacen  su temprana aparición las indumentarias típicas de la etiqueta heavy: las tachas de metal y las camperas, muñequeras y collares de cuero. En definitiva, hay que reconocerle a Riff, desde el vamos, el haber calado hondo en el inconciente colectivo de toda una legión de fans del heavy-metal criollo, que muy pronto los convirtieron en la banda número uno de ese género en nuestro país.
            Ese crecimiento fue paulatino pero imparable. En julio de 1981 actuaron en el estadio Obras ante 3.500 personas, presentando el álbum debut con Plus como teloneros. El éxito de público se repitió el 26 de diciembre de ese año en el mismo escenario, fecha en la que adelantaron temas del segundo larga duración, Macadam 3…2…1…0…, que iba a aparecer a principios de 1982. El disco había sido grabado en apenas quince días, esta vez en los estudios ION, contando como ingeniero con el histórico “portugués” Jorge Da Silva. El título –idea de Pappo- aludía a la combinación de piedra y alquitrán con la que se elabora la mezcla para el asfalto. Un nombre muy apropiado para una banda que, definitivamente, ya había ganado la calle… y también la ruta: 1982 es el año en que Riff sale al interior, donde el impacto de Pappo & Cía es igual o mayor aún que en la capital. Por otra parte, Macadam 3…2…1…0… fue un disco-bisagra, una obra de consolidación. La banda suena afiatada, segura. Afirmados en una calidad de sonido superior, Pappo, Vitico, Boff y Peyronel suenan sólidos y seguros. En el primer encuentro con este disco uno tiende a reparar en los clásicos, como el tema-titulo y “La dama del lago”, por ejemplo. Pero a medida que pasan las audiciones, comprendemos que el fuerte principal de Macadam… es ofrecer una estructura global monolítica, todo un manifiesto de metal en letra y música.  Se percibe en la densidad de “¿Qué es un tulipán?”, en la adrenalina desatada de “Días buenos y malos” y en el misterio cuasi- dark de “Profanador de tumbas”, cuyo clima opresivo recuerda las estructuras abigarradas de “Especies”, en un contexto más minimalista, si se quiere.
 Riff
            El terreno estaba abonado pero faltaba un éxito discográfico contundente y ese llegó con el tercer álbum de Riff, Contenidos, editado en octubre de 1982, y portador de hits enormes como “Suzy Cadillac” –que inmortalizó el mito de la chica/diosa que adora los autos con clase-, “Mal romance”, con su claro y simple relato de una pareja disfuncional, y “Pantalla del mundo nuevo”, el cuento de una pesadilla de ciencia-ficción futurista que -el tiempo lo ha demostrado- resultó sorprendentemente profética. Un tema con una gran tensión dramática, pero también con un inocultable sentido del humor, otro elemento que siempre ha estado en el centro de la música de Pappo y que pocas veces se le ha reconocido. Otro acierto fue la foto de portada: pocas tapas logran transmitir la esencia de una banda como ese contenedor que –se nota a simple vista- apenas puede refrenar las ansias de rock and roll metálico de nuestros héroes.
En un año desolador, que vio transcurrir una guerra impensable contra una potencia mundial, un nuevo colapso de la economía y la lenta agonía del Proceso militar, la electricidad metalera de Riff fue un golpe adrenalínico bienechor para nuestro rock.
Mientras tanto, la popularidad de Pappo, Vitico, Peyronel y Boff seguía en ascenso. En noviembre del ’82 recibieron una estruendosa ovación en el cuarto festival B.A.Rock, realizado también en instalaciones de Obras Sanitarias, esta vez en un predio al aire libre que duplicaba la capacidad del estadio. No obstante, el pico de repercusión de esta primera era en la carrera de Riff llega en 1983. Con la nueva difusión radial que alcanzó el rock nacional después de la guerra de Malvinas, “Mal romance” se tranformó en un hit masivo de Radio del Plata, gracias al apoyo sostenido del locutor y conductor Lalo Mir. Riff se volvió quinteto por un tiempo con la incorporación de Danny Peyronel en los teclados, y así se presentaron en vivo una vez más en el estadio Obras, para dos actuaciones que quedaron registradas en el álbum doble en directo Riff En Acción, editado a mediados del ’83.
            No todo era rosas, sin embargo. El clima en las calles de Argentina, en 1983, era excitante e inestable a la vez. Por un lado estaba la ansiedad por el final de la era militar y el inminente retorno de la democracia, y por el otro había una palpable tensión social agravada por los años de represión y el deterioro de la economía. Cualquier chispa podía encender la violencia y la salida de los recitales de Obras de Riff fue escenario de graves choques entre grupos de fans y la policía. La banda intentó bajar los decibeles moderando la clásica imagen metalera del cuero y las cadenas, pero la situación estaba más allá de su control. El recital de fin de año de Riff en el estadio de Ferrocarril Oeste resultó otro éxito masivo, pero volvieron a ocurrir hechos de violencia y durante 1984 Pappo decide hacer una pausa. Durante este “parate” de Riff, Pappo realizó un par de recitales en Obras, unos shows donde lo acompañaron miembros del grupo Boxer y donde el Carpo rescató algunos temas de Pappo’s Blues, otros de Riff y un puñado de nuevas composiciones. El material de los shows salió en un álbum doble titulado, simplemente, En Vivo. Con esos mismos músicos –bajo el insólito nombre de Hoy No Es Hoy- Pappo entró en el estudio para grabar un nuevo álbum, que se editaría un año más tarde como Pacto Diabólico.
 Riff 1986: Moro, Vitico, Jaf y Pappo

            En 1985 Riff reaparece con nueva formación: Pappo y Vítico más Juan Antonio Ferreya –mejor conocido como JAF- en guitarra y el legendario Oscar Moro en batería. Con ellos Riff retorna a Obras para un show ideal, pacífico y fiestero a la vez. La onda positiva de esta nueva etapa se prolonga en un nuevo disco, Riff VII, con nuevos favoritos, como “Elena X”, “La espada sagrada” y “El dios devorador”. Son tiempos de muchos  recitales. En diciembre del ’85 tocan en Obras, primero solos y luego junto a Barón Rojo y Bunker. Sigue una presentación en el Chateau Rock, en enero de 1986, y más tarde, en el mes de mayo, una serie de actuaciones en Palladium, en pleno centro de Buenos Aires. Estos recitales fueron grabados y dieron como resultado el álbum en directo Riff ‘n Roll . Aunque la banda estaba en buena forma, la convocatoria ya no era la misma. Se siente en el aire que es el fin de una era y hacia fines de 1986, Riff se separa.

Éxito y éxodo de Mr. Cheeseman

            Promediando 1987 Pappo vuelve a salir del país. Esta vez el destino es Estados Unidos, donde integra un nuevo grupo, Widowmakers. Pappo llega sin ningún vínculo, dispuesto a “hacerse de abajo” y se pasa un año tocando con la Walnum Blues Band. Widowmakers toca en clubes prestigiosos de Los Angeles, como el Whiskey a Go-Go y el Troubador. Por fin, a fines del ’86 Pappo trae al grupo a Buenos Aires para una serie de shows en el teatro Satisfaction de Constitución, con Hermética como soporte. La repercusión no es la esperada y, mientras Pappo se pone a trabajar en el taller mecánico de la familia, el resto de los músicos regresa a Estados Unidos.
            Pero era imposible mantener a Pappo alejado de su música y es así que en junio de 1990 Riff reaparece con su formación original para un par de recitales. La muy buena respuesta de publico hará que la banda continúe en acción, aunque en forma irregular. En diciembre del ’91 se se presentan en el festival “Halley en Obras III”, junto a bandas como Alakrán y Lethal. Medio año después, en mayo de 1992,  aparecería un nuevo álbum en estudio, Zona de Nadie, que aporta nuevos favoritos al catálogo del grupo, como “Lo tuyo es vicio”, “Sube a mi voiture” y esa notable historia de sexo, intriga y espías llamada “Betty Silicona”. Pappo parecía haber recobrado las ganas de tocar y lo demuestraba con creces, armando en forma paralela una nueva versión de Pappo’s Blues para actuar en diferentes locales.  
En octubre de 1992 Pappo grabó uno de los discos claves de esta década: Blues Local. La banda estable -integrada por Pappo, Black Amaya en batería, Pato Lucas Frasca en teclados y el ex Alakrán Yulie Ruth en bajo- toca con entrega y “know-how” blusero, mientras que los invitados son de lujo: Vitico, Alejandro Medina, Javier Martínez y Juanse. El material fue otro acierto. Incluía “Pequeña Ala” y “Nacido bajo un mal signo” (versiones en castellano del “Little wing” de Jimi Hendrix y del blues que popularizaron Albert King y Cream, “Born under a bad sign”), sumados a temas épicos como “Buscando el tesoro de Borneo” y el sensible “Longchamps Boogie”. Pero sin duda la sorpresa fue el inesperado éxito crossover que le brindó a Pappo el tema “Mi vieja”, escrito en su mayor parte por Sebastián Borensztein, hijo del popular actor Tato Bores. “Mi vieja” se transformó en un hit de las FM e hizo que las ventas de Blues Local se disparasen hasta alcanzar el galardón de Doble Platino.
            La nueva estrella ascendiente de Pappo iba a brillar todavía con mayor intensidad cuando actuó como telonero de B. B. King durante la visita del veterano maestro del blues a la Argentina para actuar en Obras. Al llegar al estadio, B. B. King escucha tocar a Pappo y más tarde lo incita a unírsele en escena. Pero la cosa no termina allí, porque B.B. lo invita a tocar con él en Estados Unidos. Son días felices: en diciembre del ’92 Pappo’s Blues fue uno de los artistas teloneros de Guns n’ Roses en el Estadio de River Plate. A mediados del año siguiente, el Carpo vuelve a USA y forma una banda con el ex tecladista de Freddie King, Deacon Jones, para una serie de actuaciones que incluyen un festival de blues en California. Ese mismo mes de agosto, B. B. King cumple con su promesa y Pappo se da el gusto de tocar nueve shows junto a uno de sus grandes ídolos. En confianza, B. B. King lo llama “Mr. Cheeseman”, debido a que Pappo –en un gesto típico suyo- una vez le obsequió una horma de queso.
            La primera mitad de los ’90 fue una época de esplendor para el blues en la nuestro país, con visitas de varias leyendas del género y una mayor y mejor exposición para los músicos de blues locales. Pappo, de regreso en Argentina, volvería a Obras para una serie de recitales con invitados especiales, como Albert Collins, Edgar Winter y su reciente compinche, Deacon Jones. Las ediciones discográficas de este período incluyen July 93 Los Angeles –registro de su sociedad musical con Jones-; Pappo Sigue Vivo, una colección de sus temas más famosos grabados en vivo en shows recientes en Obras y en el teatro Gran Rex; y un nuevo álbum de estudio, Caso Cerrado (1995), un testimonio de la nueva hermandad de bluseros de aquí, de allá y de todas partes que se había dado en aquel momento, ya que en el disco participan, entre otros, Black Amaya, Juanse y Botafogo, más Deacon Jones y la ex base rítmica de Vanilla Fudge, Cactus y Beck Bogert & Appice, es decir, el bajista Tim Bogert y el baterista Carmine Appice., con quienes Pappo armó un fugaz power trío en el estudio que se puede apreciar en “Tren azul” y “P.B.A. boogie”. Además del cover de Jimi Hendrix “Castillos mágicos españoles” y del estandard “Ruta 66”, interesan también “Algunos deslices” y “Tomé demasiado”, dos pruebas de que Pappo no era reacio a cuestionar el mundo de excesos del rock and roll en sus nuevas letras.
            El frenesí de actividad del Carpo en esos días incluyó otro prestigioso show como soporte (con Riff), en este caso de los mismísimos Rolling Stones, durante la primera visita de Jagger & Cía a la Argentina que llenó cinco veces el estadio de River Plate en febrero del ’85, y una visita a Brasil para tocar un par de recitales con sus amigos del grupo Patrulha do Espaço, con quienes ya había colaborado en un álbum diez años antes.
           
Pappo entre amigos

            Aunque suene paradójico, los años ‘90 le dieron a Pappo un reconocimiento inédito y largamente merecido como figura capital del rock y el blues de Argentina, pero esto no significa que las cosas se le hicieran más fáciles a la hora de gestionar la grabación de un nuevo disco con un sello discográfico multinacional. De hecho, sólo su gran tenacidad  y el apoyo de un puñado de incondicionales colaboradores hizo que se mantuviera en una actividad musical constante en el resto de la década y en los primeros años del siglo XXI. Riff volvió a la carga en varias oportunidades. En 1997 sacaron un disco en estudio, Que Sea Rock, editado en forma independiente bajo el logo “Riff Records”, ante la indiferencia de las grabadoras “grandes”. Sobresalían los temas “Que sea rock” y “Lily Malone”. La banda iba a volver –con un perfil más elevado- en 2001 para actuar en Obras, en un show que tuvo muy buenos comentarios, y para una serie de shows en todo el país. Lo mejor del recital de obras fue rescatado como “bonus CD” cuando se reeditó Que Sea Rock en 2002.
            Mientras Riff entraba y salía del ojo popular, la carrera de Pappo continuaba en otros frentes, algunos un tanto insólitos, como su faceta de actor, que se reveló en la tira de Canal 13 “Carola Casini” y que le valió una nominación para el Martín Fierro. Volviendo a la música, en septiembre de 1999 salió El Auto Rojo, grabado por una nueva versión de Pappo’s Blues que tenía a Yulie Rutha en bajo y Bolsa González en batería. La costumbre de las buenas versiones continuó aquí con otro cover de Jimi Hendrix con “El viento llora a Mary”.
            En términos discográficos, sin embargo, la edición más importante de esta era se produjo en el filo del cambio de siglo, cuando en mayo del 2000 aparece Pappo y Amigos. El nombre lo dice todo: a lo largo de dos CD, amigos del Carpo de todas las épocas - incluyendo a Alejandro Medina, Andrés Calamaro, Moris, Juanse, Botafogo, músicos de La Renga, Almafuerte, Divididos y Viejas Locas, además de su hijo Luciano Napolitano, fundador del grupo Lovorne- se juntaron para homenajear a Pappo, grabando con él  41 clásicos de todas las etapas de su carrera. Un álbum impecable, en términos de ejecución, producción… y sentimiento.
            En el nuevo siglo el rock nacional –y también el de otras partes de Latinoamérica- alcanzó un favor popular y un eco de público inéditos. A diferencia de los duros tiempos de proscripción y censura, las canciones de nuestro rock sonaban ahora todo el tiempo en las radios y se produjo un crecimiento exponencial de la cantidad de público que asistía a recitales y festivales.  Como muchos de sus colegas, Pappo se acostumbró a vivir “en el camino”, expandiendo el evangelio de su rock y su blues de ciudad en ciudad y de pueblo en pueblo. Más de una vez, también, le volvieron a estampar el pasaporte, como cuando viajó a España a mediados de 2003 para un puñado de shows en Menorca, Mallorca, Barcelona y Madrid.
            En todo este tiempo, Pappo había estado componiendo nuevos temas pero, por una vez, estaba deseoso de editarlos en un marco de producción y exposición pública acorde con su estatura artística. Por fin lo consiguió a través del álbum Buscando Un Amor, que apareció en Sony Music en noviembre de 2003, con producción ejecutiva de Jorge Rodríguez y una campaña de promoción que incluyó la realización de un reportaje en forma de CD, para ser repartido a las radios y otros medios de difusión, en el que el propio Carpo explicaba la gestación del disco y describía los temas uno por uno.
            Buscando Un Amor era, además, el mejor disco grabado por Pappo en mucho tiempo. Su ejecución es impecable; enfocada, sensible, certera. Los arreglos están hechos con buen gusto y atención por el detalle y las composiciones, sin dejar de tener al rock y al blues como centro, muestran un grado de variedad inédito. “Buscando un amor” y “Rock and roll y fiebre” tienen la impronta conocida de riffs rockeros y ritmo intenso, pero también hay otros matices, como los que aportan la balada de Yulie Ruth “Juntos a la par” o el tema “Katmandú”, con su atmósfera oriental. El disco concluía con un giro inesperado, aunque lógico: cinco clásicos de blues anglo cantados en inglés, en un intento de proyectar la figura de Pappo, definitivamente, al escenario internacional.
            Por desgracia, esto no pudo ser. La portada de Buscando Un Amor –-que muestra a Pappo como un angelito entre las nubes, tocando el dobro bajo la atenta mirada de ídolos que ya habían dejado este mundo (Muddy Waters, Stevie Ray Vaughan, Robert Johnson, John Lee Hooker, Jimi Hendrix) resultó curiosamente profética: después de un intenso año de actividad presentando el álbum, la noche del 22 de febrero de 2005 Pappo iba con su hijo Luciano, cada uno en su moto, rumbo a una quinta en Luján, cuando las motos se tocaron accidentalmente, haciendo que Pappo perdiese el control y cayera al asfalto, siendo atropellado por un auto que venía detrás. Las graves heridas le causaron la muerte en forma instantánea.
            El mundo musical  reaccionó con incredulidad. Costaba hacerse a la idea que un cruzado de mil batallas de nuestro rock pudiera irse de esa forma. Más de 3000 fanáticos se agolparon para despedirlo en el cementerio de La Chacarita, donde el cuerpo de Pappo llegó después que una verdadera caravana de autos lo escoltara desde su casa en La Paternal.  Esta tarde un grito familiar, coreado en tantos finales de conciertos del Carpo por miles de gargantas, se volvió una sola voz: ¡Pappo no se va!
            Y Pappo no se fue. Su legado musical, compuesto de unos treinta álbumes propios e incontables colaboraciones a lo largo de cuatro décadas, quedará para siempre como uno de los testimonios más valiosos y duraderos de nuestro rock. Pero, más allá de ese legado impresionante queda lo otro, quizás lo más importante, la innumerable cantidad de gente que a lo largo de estos cuarenta años fue tocada por la magia de su guitarra y de su voz, por el encanto atemporal de su rock y de su blues. ¡Salud, Carpo… y gracias!

                                                                                              Alfredo Rosso

Y un ¡muchas gracias! a: El Sitio de Pappo, un modelo de cómo debería ser un sitio web dedicado a un artista. No se pierdan de visitarlo en: www.elsitiodepappo.com.ar 
Y, desde ya, para saber más sobre la vida y obra del gran Carpo, ver la notable biografía de Sergio Marchi, "Pappo, el Hombre Suburbano", publicada por Editorial Planeta.